El otro día que iba por la calle, escuche una conversación que para es muy familiar, una plática que disparo en mi mente una serie de recuerdos como si fueran proyecciones de cine y veía en retrospectiva todas esas conversaciones con diferentes rostros, diferentes personas diciéndome lo mismo, hasta resulta extraño.

No sé qué piensas tú, pero si alguien te da la misma platica en diferentes lugares, momentos y circunstancias, pues como que empiezas a pensar que es una especie de intervención, alguien hizo un discurso modelo o machote y únicamente cambian las personas, eso o tal vez, solo tal vez, te estén diciendo una verdad universal que todos pueden ver, excepto TÚ.

Puedes ser.

Hace algunos años aprendí a que si muchas personas dicen que eres un caballo, más que un extraño complot, están diciendo algo que es obvio, puedes dudar de los demás, pero si la insistencia con la que se te repite una verdad es absoluta, pues supongo que es tiempo de empezar a entender que debes relinchar. Creo que mis metáforas no son muy claras, si leyera esto mi Señor Padre ya me estaría regañando, sobre mi poco clara metáfora; realmente lo que quiero decir es que si muchas personas te dicen que eres muy bueno en algo, pues debes comenzar a creerlo. Que por cierto, si muchas personas te dicen que eres pésimo y nunca triunfarás, NO HAGAS CASO, porque de alguna manera también esas palabras negativas tienen un profundo efecto sobre ti.

Las cosas malas no las escuches y las cosas buenas guárdalas, pero procura ser objetivo por que en esas cosas desagradables hay algo de cierto, que si las mejoras te pueden ayudar y las cosas buenas pueden ser peligrosas porque te evitan que mejores como persona.

Pero ya estoy divagando sobre escuchar o no escuchar, a eso se resume este proceso de vivir, tomar lo que nos conviene y lo que no desecharlo en la basura. Eso sí es sabio.

Yo estaba hablando de otra cosa, sobre una plática que he recibido muchas veces en la vida, una plática que me han dado diferentes personas, es más, hasta mi abuelita lo ha hecho, por eso ayer que la escuche de boca de otra persona como consejo para alguien más, me pareció muy gracioso y no pude evitar reír. Claro, las personas que tenían esa conversación indudablemente me vieron feo por metiche y por reírme de lo que hablaban; pero es que yo me vi en esa situación, recordé cada que me daban esa platica y como ponía mi cara de pendeja.

Y lo que escuche fue esto:

“Mira mija tú estás muy bonita, eres joven, inteligente, bla, bla, bla”

En ese momento recordé con un flashback todas esas veces que mi papá, mis amigos, mis tíos, Lily, René, mi abuelita, fallidos ligues que incluyen a Sebastian, Alberto, Ricardo y una lista enorme, recordé cada que me daban ese discurso para entender que en cualquier momento conocería a la persona indicada, porque soy joven, bonita, inteligente y bla, bla, bla, bla.

Y siempre que escuchaba ese discurso hacía cara de pendeja, fruncía el ceño e intentaba que no se me salieran las lágrimas, porque en ese momento no lo creía real, no veía como una posibilidad verdadera que alguien se interesara en mí; por eso supongo que estas personas tenían que recordarme lo especial que yo era, lo capaz, inteligente, bella o hermosa.

Así pasaba al principio, ya después mi postura frente a esa conversación era distinta y más bien me parecía una charla patética, como un premio de consolidación para que dejara de sufrir, algo que se escucharía en las pláticas de PARE DE SUFRIR; pero ciertamente entre más lo decían menos lo creía. En cierto modo no necesitaba que esas personas me recordarán lo que soy o lo que no soy.

Yo tenía que creerlo, yo tenía que sentir todas esas características como reales, para comprender que no debía buscar el amor en donde no debía, sino que tenía que buscar en mi misma ese amor por mí. Tardó en llegar ese momento, pero ahora no necesito que nadie me de esa platica, es más, ahora me rio cuando la escucho y no en plan de ser arrogante o burlarme, sino porque me parece gracioso que alguien tenga que recordarme todo lo que soy.

Pero es hasta el momento en el que te amas, te entiendes y realmente crees todo eso de ti, que puedes comprender las cosas.

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