Mandar a volar a alguien muy rápido ¿por qué lo hacemos?

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Ah, y lo peor, cuando lo hacemos nos arrepentimos de hacerlo para vivir en una loca montaña rusa de emociones.

No hay emoción más bonita y hermosa que supere el enamoramiento, ese crush que tenemos con una persona que nos hace sonreír día y noche pensando en ella, pero no solo es un estado mental de emoción, también es la realidad de la interacción, y con cada notificación virtual el corazón se acelera con la emoción de saber más, lo que sea, de esa persona que es especial.

Sí, no hay nada más hermoso en este mundo que esa emoción, eso que se siente por una persona, ese gusto, amor, atracción, emoción, y esa certera noción que llega de golpe casi instantánea que solo toma 8 segundos, para saber que estamos enamorados de la otra persona, para ser capaces de hacer grandes locuras en este mundo por ella o él.

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Ahora, lo más loco, es que, sintiendo ese rush poderoso de emociones que darían la energía necesaria a una persona, para cambiar el mundo si se lo propusiera solo por la otra persona, aun y sintiendo eso, hoy en día mandamos a volar a las personas tan rápido, que parece esto la competencia por el record Guinness para mandar a alguien al carajo.

Se cree que nos toma 8 segundos enamorarnos, pues bien, supongo que sin importar lo poderosa que sea la emoción y la química del amor de nuestro cuerpo, el tiempo que se toma una persona para mandar a volar a alguien, debe ser la mitad del tiempo en el que nos enamoramos, y ahora, en la época bipolar del amor, nos enamoramos para luego (rápidamente) desenamorarnos alejando a esa persona, sin darle la oportunidad de contar su historia.

¿Por qué?, ¿por qué lo hacemos?

Alguna vez lo has pensando, por qué mandar a volar a alguien muy rápido, sin darle la oportunidad de demostrar algo bueno, o incluso malo, en verdad ¿por qué ya no nos damos el lujo de hacerlo?

Acaso esto será una cuestión de la edad, y entre más viejos nos hacemos, es más fácil que declinemos cualquier oportunidad sin importar lo buena que parezca, solo porque la experiencia nos dice que la tasa de éxito es tan baja, que no importa la magnitud del sentimiento o lo especial que pueda ser una persona, la probabilidad de fracasar es tan alta, que eso puede inclinar la balanza para que la decisión final sea mandar a volar a alguien con tanta rapidez que esto se convierte el viejo salvaje oeste en el que hay que desenfundar rápidamente las pistolas para darle directo al corazón y evitar que cualquier cosa buena o mala, surge de esa oportunidad.

Tal vez esa sea la respuesta del porque nos ilusionamos rápido, pero, sobre todo, nos desilusionamos antes, sin dar la oportunidad correspondiente para ver a dónde nos lleva una situación.

No

Parece ser que ahora todo es una inversión de tiempo, esfuerzos, que requieren un análisis pronto y puntual para saber si es inteligente quedarnos un poco más de tiempo, o sí ya es momento de levantarse de la mesa de apuestas, porque si no sabes cunado irte, puedes quedarte sin fichas.

Pero, entonces ¿qué pasa?, que es lo que sucede con aquellas personas que van de mesa de apuestas, a otra mesa, cubriendo el mínimo de la apuesta, para después del primer intento fallido, por miedo o prudencia, irse a otra mesa, ¿acaso hacer eso no es lo mismo que aferrarse en una mesa perdedora con mala suerte?

Sí, digo, solo cubriendo los mínimos de una apuesta, sin ganar nunca, solo intentándolo, se va acabar rápidamente las fichas, igual de rápido que cuando un apostador se aferra en un solo lugar, pero digo, tal vez la prudencia nos dice que si fallamos debemos irnos a intentarlo a otro lugar, el problema es que siempre intentándolo y sin pasar nunca del primer intento, la paciencia, las fichas, la confianza y la seguridad se acaba.

Entonces, si renunciar rápido es tan malo como no querer renunciar a alguien, porque no encontramos el punto medio, ¿por qué?

Tal vez sea algo crónico, tal vez sea desesperanza, tal vez se acabaron las fichas y eso evita que una persona se dé la oportunidad de intentarlo cuando encuentra esas emociones, cuando se enamora, y a la primera señal de alerta, esas que son ridículamente exageradas, renuncian a la posibilidad no de amar, sino de conocer a alguien y dejarse conocer.

Tal vez eso es lo que más miedo de a una persona que manda a volar a alguien muy rápido, el gran miedo de dejarse conocer, tal vez, la clave para esas personas, es simplemente dejar de asustarse para entonces acercarse a alguien.

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