No me hables por favor

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Normalmente soy muy amable y tengo un carácter dócil y muy apacible, regularmente soy una persona muy agradable. Este, mmmmmmm, no es cierto, si bien soy una persona educada normalmente no tengo una cara o igual y la palabra correcta es “actitud”, una que invita a cualquier persona a hablarme; realmente tengo que aceptarlo y tengo cara de pocos amigos, una cara que evita que cualquiera me hable, pero si se saltan esa parte y deciden conocerme para interactuar conmigo, encontraran que soy una persona amable y una grata compañía.

Pero entonces a que viene todo este choro mareador, mmmmm, excelente pregunta, que bueno que te animaste a hacerla y como sabrás cada cosa que digo, cada anécdota que cuento, tiene una razón de ser y es parte vital de un todo porque aporta algo al punto que quiero explicar; esto que te decía aparentemente random y sin sentido, es parte vital de mi punto, como en una operación matemática, para entender la función de “y”, necesita existir un factor “x”.

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Por ello te explique un poco de mí, de mis interacciones y mi carácter, si bien el título de esta entrada es “no me hables”, no es que yo sea una payasa, odiosa, antipática que no le habla a nadie, para nada, tengo cara de pocos amigos pero sólo es la cara.
Sin embargo hay un momento del día en el que no me gusta que me hablen, para nada, bajo ningún motivo o circunstancia; parecerá imposible pero en un momento del día, un lapso de dos horas no quiero ruido, no quiero interactuar con nadie, no me hablen, no me miren, no me escriban, pretendan que no existo y ese momento es cuando recién me despierto.

Y ahí se ve que soy soltera, jajajajaja, o igual y hasta ciertas personas en pareja odian que les hable su pareja en ese punto del día cuando está reaccionando o mejor dicho inicializando el cerebro.

De verdad, en ese lapsus brutus del día en el que no comprendo y proceso todos los estímulos de mi entorno, en ese momento no quiero interactuar de ninguna manera con nadie, no quiero hablar, no quiero pensar, no quiero reaccionar, no quiero poner atención y mucho menos si sólo tengo 4 horas de sueño. Simplemente no me da la gana para nada, ser un ser humano funcional, en ese momento me vuelvo una ermitaña onda Tom Hanks en la película Naufrago y sólo quiero desayunar y el único ser humano que toleró para compañía es mi versión de Wilson, que no es un ser humano o mucho menos un balón, es mi perro, ese perrito faldero hermoso, que entiende el valor del silencio mientras juntas nos quedamos sentadas en la cama viéndonos unos minutos, ese tiempo en el que procesamos que ya es hora de pararnos.

De verdad que en ese momento del día, la única compañía que disfruto es la de mis perros, porque se quedan calladitos, quietos y esperando a que reaccione, NADIE MÁS COMPRENDE LO QUE ME PASA EN ESE MOMENTO DEL DÍA.

Pues bien, el día de ayer experimente ese horrible sentimiento de parloteo innecesario, y fue cuando más cansada me sentía, el único día en la semana que menos había dormido, ese día mi hermano creyó que era una buena idea platicar, exactamente cuando me acaba de despertar, ese día en lo que más deseaba era únicamente silencio.

¿Acaso está mal?, ¿acaso soy irracional?, probablemente sí, pero no creo ser la única a la que le pase, estoy convencida que hay un gran grupo de personas que odian que los agobien con palabras durante los 45 minutos posteriores al despertar.

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