Lo mejor de Christopher Nolan

Ir al cine suele ser esa actividad sagrada para desconectar, atiborrarse de palomitas y olvidar que mañana es lunes y hay que trabajar. Pero cuando decides ver una cinta de Christopher Nolan, sabes perfectamente que firmaste un contrato invisible para salir de la sala con más dudas que respuestas y con una migraña leve, pero satisfactoria. Este director británico tiene un don muy especial: hacernos sentir extremadamente inteligentes por entender la trama a la primera, o completamente perdidos mientras asentimos con la cabeza fingiendo que captamos la referencia de física cuántica. Su cine no es para ver mientras revisas el celular; requiere compromiso, café cargado y, a veces, un diagrama de flujo para no perder el hilo.

Lo curioso es que, a pesar de la complejidad de sus guiones, seguimos regresando por más. Es como esa relación tóxica con las matemáticas que no sabías que tenías. Nos encanta que nos reten, que nos muestren mundos imposibles y, sobre todo, que nos revienten los tímpanos con la música de Hans Zimmer a todo volumen. Desde hombres que se visten de murciélago hasta astronautas que lloran en libreros tetradimensionales, la filmografía de este señor es una montaña rusa que rara vez decepciona y que siempre da de qué hablar en la sobremesa.

El inconfundible estilo de Christopher Nolan y sus cronologías locas

Si hay algo que caracteriza a Christopher Nolan es su obsesión casi enfermiza con el tiempo. Al parecer, contar una historia de principio a fin es demasiado aburrido para él. Prefiere empezar por el final, dar vueltas en medio, meter sueños dentro de sueños o hacer que los personajes caminen hacia atrás mientras el mundo explota. Un claro ejemplo de esto es Memento (Amnesia), la película que puso a todos a buscar tutoriales en internet para entender qué estaba pasando. Verla es como intentar armar un rompecabezas de mil piezas con la luz apagada, pero cuando las piezas encajan, la satisfacción es inmensa.

No podemos hablar de su carrera sin mencionar la trilogía que le devolvió la dignidad al cine de superhéroes. Con El caballero de la noche, Christopher Nolan demostró que un tipo con capa y mallas puede ser tomado en serio. Nos regaló un guion oscuro, realista y a un Guasón que pasó a la historia. Aquí no había rayos láser de colores ni chistes forzados cada cinco minutos; había drama criminal puro y duro. Fue el momento en que muchos entendieron que las películas basadas en cómics podían ganar premios importantes y no solo vender juguetes en paquetes de comida rápida.

Sueños, espacio y bombas atómicas

Luego llegó El origen (Inception), esa joya que nos hizo dudar de nuestra propia realidad. ¿Estamos despiertos? ¿O estamos en el sueño de alguien que está soñando con un taco? La premisa de robar ideas entrando en el subconsciente es brillante, y ver a la ciudad de París doblarse sobre sí misma es de esos momentos visuales que se te quedan grabados. Aquí, Christopher Nolan jugó con nuestra mente como quiso, dejándonos con ese final del trompo girando que hasta la fecha sigue generando debates acalorados en reuniones de amigos.

Y cuando creíamos que ya no podía ponerse más intenso, nos lanzó al espacio con Interestelar. Esta película es, básicamente, una clase de física teórica mezclada con un drama familiar para llorar a moco tendido. El amor trasciende dimensiones, nos dijo, y nosotros le creímos mientras veíamos agujeros negros renderizados con una precisión científica que asusta. Más recientemente, con Oppenheimer, probó que puede mantenernos al filo del asiento durante tres horas con gente hablando en habitaciones cerradas sobre física y política, sin necesidad de tanta acción física, pero con una tensión psicológica brutal.

Definitivamente, el cine de este director es una experiencia que se vive, se sufre y se disfruta a partes iguales. Ya sea que te guste descifrar acertijos narrativos o simplemente disfrutar de una producción impecable donde cada dólar se nota en la pantalla, sus películas son parada obligatoria. Quizás no entiendas Tenet ni viéndola tres veces con subtítulos y el director explicándotela al oído, pero eso es parte del encanto. Al final, pagamos la entrada para que nos vuelen la cabeza, y en eso, él es el experto indiscutible.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com