Te voy a comprar tu servicio, pero es un favor eh

Si eres freelance, tienes un negocio pequeño, vendes algo que hiciste con tus manos o simplemente ofreces un servicio profesional, seguramente te ha pasado. Llega ese mensaje o esa llamada, de un conocido, un familiar lejano o el amigo de un primo, con una oferta que parece salida de un manual de cómo desanimar a alguien en tres segundos: “Oye, te voy a comprar eso que haces/si te contrato para ese trabajo… pero es un favor eh. Ya sabes, para ayudarte”. Y ahí te quedas, con el teléfono en la mano, tratando de descifrar si debes sentirte agradecido o ligeramente ofendido. Porque en ese instante, tu trabajo, tu tiempo, tu expertise y tu esfuerzo, acaban de ser reducidos a un acto de caridad del cual tú eres el receptor necesitado.

La frase que desvaloriza: el peso de un “favor” mal entendido

Ese “pero es un favor eh” no es inocente. Viene cargado de un montón de mensajes ocultos que todos los que trabajamos por nuestra cuenta hemos aprendido a traducir. Significa: “No creo que lo que haces valga realmente lo que pides”. También implica: “Esto es más una donación que una transacción justa”. Y, el remate maestro: “Ahora me debes una, y en el futuro puedo pedirte algo ‘gratis’ o con descuento, porque yo ‘te ayude’ cuando nadie más lo hacía”. Es una dinámica extraña donde el cliente se pone la capa de salvador, y tú, el profesional, pasas a ser el proyecto de caridad. Tu producto deja de ser algo valioso para convertirse en una limosna disfrazada.

¿Por qué duele tanto ese “favor”?

No se trata de ser orgulloso o de no aceptar ayuda genuina. La ayuda genuina es cuando alguien te recomienda, cuando te pagan a tiempo y bien, o cuando te dan visibilidad. El problema con el “pero es un favor eh” es que:

  1. Niega tu profesionalismo: Estudiaste, practicaste, invertiste en herramientas y construiste una propuesta de valor. Esa frase tira todo eso por la borda, como si cualquiera pudiera hacerlo.
  2. Establece una deuda emocional: Te pone en una posición incómoda donde, si defiendes tu precio o tus condiciones, quedas como el malagradecido. “¿Cómo te atreves a quejarte si yo te estoy haciendo el favor de comprarte?”
  3. Es el preludio del cliente más difícil: Quien llega con esa actitud suele ser el que más exige, el que más cambios pide, el que menos respeta tus tiempos y el que, al final, puede hasta sentirse con el derecho de no pagar completo. Porque, al fin y al cabo, “fue un favor”.

Cómo responder (con elegancia y un poco de humor) a este clásico

No tienes que ser grosero, pero sí firme. Aquí algunas ideas para manejar esa situación la próxima vez que alguien te suelte un “pero es un favor eh”:

  • La opción directa y profesional: “Te agradezco mucho que pienses en mí para esto. Para que todo quede claro y profesional, te comparto mi cotización formal con el desglose del servicio y el valor acordado. Así trabajamos con las mismas expectativas.” (Esto redirige la conversación a un terreno de negocios, no de favores).
  • La opción con humor (pero con punto): “¡Jaja! Qué buena onda, pero tranquilo, no hace falta que me hagas el favor. Mi trabajo se vende solo porque la gente le encuentra valor. Si te interesa, con gusto te paso la info.” (Aquí le quitas el peso de “salvador” con una risa, pero dejas claro que tu servicio tiene valor por sí mismo).
  • La opción para el familiar muy cercano (y complicado): “Tío (o lo que sea), te agradezco, y por eso prefiero que me recomiendes con tus amigos que sí pagan precio completo. Así no mezclamos familia con negocios y evito pedirte favores a cambio después, jeje.” (Establece un límite cariñoso pero claro).

Lo que todos los emprendedores, freelancers y pequeños comerciantes queremos no es caridad, sino reconocimiento. Que vean nuestro trabajo como lo que es: una solución a un problema, un producto de calidad, una inversión que vale la pena. Que el intercambio sea justo: tú obtienes un buen servicio o producto, y nosotros recibimos una retribución que nos permite seguir creciendo, mejorar y, sí, seguir sirviendo a más personas con orgullo.

Así que la próxima vez que quieras apoyar a alguien que trabaja por su cuenta, recuerda: el mejor favor no es comprar por lástima. El mejor favor es tratarlo como el profesional que es, pagarle a tiempo y valorar su trabajo lo suficiente como para recomendarlo sin agregar un “pero es un favor eh” que, en lugar de ayudar, resta.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com