Reseña de la película Silencio – Silence
A veces sales del cine con ganas de comerte el mundo y otras veces, como sucede tras ver la película Silencio, sales con ganas de sentarte en una banca a pensar qué estás haciendo con tu vida. Martin Scorsese decidió dejar de lado los mafiosos y las persecuciones por un rato para entregarnos una obra que te sacude las ideas de una forma bastante intensa. No es la típica cinta que ves mientras comes palomitas sin prestar atención, aquí la trama te agarra del cuello y te obliga a mirar de frente temas tan densos como la fe, el aguante humano y esa extraña sensación de que, a veces, por más que uno pida una señal, el cielo parece no tener señal de celular.
La historia nos pone en los zapatos de dos jesuitas, Rodrigues y Garupe, interpretados por unos comprometidísimos Andrew Garfield y Adam Driver que se nota que pasaron hambre para dar el ancho en sus personajes. Estos dos valientes se lanzan a la aventura en un Japón del siglo XVII que no era precisamente el lugar más amigable para los turistas, y menos si llevaban una cruz colgando. Su misión es encontrar a su mentor, el padre Ferreira, quien supuestamente colgó los hábitos tras ser capturado. Lo que encuentran es un panorama bastante rudo donde los cristianos locales tienen que vivir escondidos, jugando a las escondidas con las autoridades locales para no terminar en situaciones bastante desagradables. La película Silencio nos muestra este viaje no solo como un trayecto físico, sino como un descenso a las dudas más profundas de un hombre que cree tener todas las respuestas.
El trabajo actoral es, sencillamente, de otro nivel. Ver a Andrew Garfield pasar de la seguridad absoluta a un estado de fragilidad total es un recordatorio de que el muchacho tiene mucho más talento que solo andar trepando paredes en mallas. Por su parte, Adam Driver demuestra que su intensidad natural encaja perfecto en dramas donde el espíritu se pone a prueba. Aunque Liam Neeson aparece menos tiempo del que quisiéramos, su presencia se siente en cada rincón de la historia, funcionando como esa sombra de duda que persigue a los protagonistas. Es fascinante cómo la película Silencio logra que te intereses genuinamente por el destino de estos personajes, incluso si no eres una persona religiosa, porque al final del día se trata de la lealtad a uno mismo y a lo que consideramos nuestra verdad.
Lo que realmente se queda grabado después de los créditos es el cuestionamiento sobre el respeto a lo que piensan los demás. En un mundo donde a veces parece que todos queremos tener la razón a fuerza, la narrativa nos da una bofetada de realidad sobre la importancia de la tolerancia. La dirección es impecable, con paisajes que te quitan el aliento pero que al mismo tiempo se sienten claustrofóbicos por la tensión constante de ser descubiertos. Es una experiencia visualmente poderosa que no necesita de efectos especiales exagerados para transmitirte la angustia y la esperanza de quienes protagonizan esta odisea espiritual.
Quedarse con la idea de que esto es solo un drama histórico sería un error garrafal. Se trata de un espejo que nos invita a mirar cómo juzgamos las creencias ajenas y qué tanto estamos dispuestos a sacrificar por nuestros ideales. No es una cinta ligera, pero vale totalmente la pena el tiempo invertido porque te deja rumiando ideas durante varios días. Al terminar de ver la película Silencio, te das cuenta de que el valor más grande no siempre está en gritar nuestras verdades, sino en la fuerza interna para mantenerlas vivas cuando todo lo demás parece estar en contra. Es una invitación abierta a la introspección y al diálogo, algo que en estos tiempos de ruido constante, se agradece muchísimo.
