De dónde salió el meme supongamos
A veces, el internet nos regala tesoros que, como el buen mezcal, necesitan tiempo para madurar y ser plenamente apreciados. Así ha sucedido con un ingenioso trozo de ingenio digital que, años después de su creación, se convirtió en la frase clave de infinidad de conversaciones y situaciones chuscas. Nos referimos, claro, al inconfundible meme supongamos, esa pequeña joya que nos permite flotar en un universo de posibilidades imaginarias, sin mover un solo músculo.
La vida en la red es curiosa, y lo que hoy es viral, mañana puede ser un recuerdo lejano. Pero hay fenómenos que se resisten al olvido, y el meme supongamos es uno de ellos. Su magia radica en la forma tan particular de abordar escenarios hipotéticos, esos que todos hemos construido en nuestra cabeza, con una pizca de inocencia y mucho ingenio. La frase se arraigó profundamente porque, en el fondo, ¿quién no ha jugado alguna vez a suponer?
La historia detrás del meme supongamos
La génesis de esta frase que se volvió bandera de la imaginación colectiva nos lleva de vuelta al lejano 2011. Alex Domínguez, un personaje con una visión muy particular sobre el bienestar, subió un video que cambiaría, sin saberlo, la forma en que el internet se divertiría años más tarde. Su contenido original giraba en torno a ejercicios mentales, una especie de gimnasio para la mente que prometía beneficios para el cuerpo. En medio de esta explicación, Alex intentaba ejemplificar cómo visualizaba una rutina.
Fue en ese momento, con una gesticulación que hoy es icónica, que pronunció la frase que lo catapultaría al estrellato del universo digital: “Supongamos que tengo una pesa…” mientras el encuadre claramente revelaba que no había ni rastro de tal objeto. La espontaneidad y lo evidente de la situación crearon un contraste tan divertido que, aunque tardó, la red no pudo resistirse. La chispa del humor residía en esa disonancia entre lo que se decía y lo que se veía, una fórmula que el meme supongamos explotó a la perfección.
Pasaron algunos años para que esa joyita fuera desenterrada y pulida hasta convertirse en un fenómeno de memes. La gente comenzó a aplicarla a sus propias realidades, a esas fantasías cotidianas, a las excusas creativas y a los planes que solo existen en la mente. Desde “supongamos que voy al gimnasio” hasta “supongamos que ahorro”, la frase se convirtió en el código universal para decir “me encantaría, pero la realidad es otra”. Es esta capacidad de ser tan versátil y a la vez tan específico, lo que le ha permitido al meme supongamos mantenerse vigente en el cotorreo digital, recordándonos que un poco de imaginación siempre viene bien.