Reseña de la película El Exorcismo de Anna Waters
Si te consideras un fanático de los que aguantan cualquier maratón de terror con las luces apagadas, seguramente te has topado con títulos que prometen pesadillas y terminan dándote una flojera infinita. Hay cintas que se esfuerzan tanto por dar miedo que terminan siendo una comedia involuntaria, y justo eso es lo que pasa con El Exorcismo de Anna Waters. La premisa nos lleva a un viaje donde una mujer viaja hasta el otro lado del mundo para investigar por qué su hermana decidió colgar los tenis de forma repentina. Lo que encuentra no es solo un misterio familiar, sino una ensalada de conceptos que van desde la mitología antigua hasta demonios que parecen sacados de un filtro barato de redes sociales. Es de esas producciones donde los sustos fáciles y los ruidos fuertes son el pan de cada día, intentando compensar una trama que cojea desde los primeros minutos.
A veces uno espera que el cine independiente sorprenda con ideas frescas, pero aquí se siente como si hubieran agarrado pedazos de otras películas y los hubieran pegado con cinta adhesiva. La atmósfera intenta ser densa y oscura, pero la realidad es que te pasas más tiempo preguntándote por qué los personajes toman decisiones tan absurdas. La trama de El Exorcismo de Anna Waters se mete en terrenos pantanosos al intentar mezclar la leyenda de la Torre de Babel con posesiones demoníacas, creando un guion que se enreda solo y que no termina de aterrizar ninguna de sus propuestas.
Un caos visual llamado El Exorcismo de Anna Waters
Entrando en el terreno de las actuaciones, la cosa no mejora mucho. Tenemos a un elenco que se la pasa haciendo caras de preocupación extrema, pero que no logra que te importe si el demonio se los lleva o si simplemente se quedan encerrados en el baño. Elizabeth Rice y Matthew Settle hacen lo que pueden con lo que les dieron, que básicamente es correr por pasillos oscuros y gritar de vez en cuando. La dirección de Kelvin Tong se pierde en efectos especiales que, aunque tienen un par de momentos rescatables con la aparición de un tal Leviatán, se ven bastante acartonados para los estándares actuales. La película El Exorcismo de Anna Waters peca de ser pretenciosa al querer abarcar temas bíblicos sin tener un sustento narrativo sólido, lo que termina por desconectar al espectador totalmente.
Si hablamos de coherencia, el título mismo es un engaño total. Uno va con la idea de ver sesiones intensas de rezos y gente retorciéndose en la cama, pero la mayor parte del tiempo estamos viendo una investigación policial y familiar que avanza a paso de tortuga. En El Exorcismo de Anna Waters, los elementos paranormales se sienten metidos con calzador, y esa falta de ritmo hace que el interés se pierda más rápido que tus ahorros en una venta de liquidación. No hay una verdadera tensión que te mantenga pegado al asiento; más bien, es una espera constante de que pase algo interesante que nunca termina de llegar.
Incluso los seguidores más fieles del género han dejado claro que esta producción no da la talla. Con calificaciones que rozan el suelo en los sitios especializados, queda claro que no es una joya oculta ni mucho menos. Lo más aterrador de la cinta es pensar en el tiempo que invertiste viéndola cuando pudiste haber hecho cualquier otra cosa productiva, como ver videos de gatitos. La mezcla de ruidos ensordecedores para asustarte por reflejo es un recurso muy gastado que aquí se usa sin piedad. Al final, El Exorcismo de Anna Waters se queda como una anécdota de esas que olvidas al día siguiente, demostrando que para hacer buen cine de terror hace falta mucho más que una cámara y un par de sombras mal puestas.
Si tienes planeada una noche de películas con tus amigos y alguien sugiere esta opción, hazles un favor a todos y propón otra cosa. Es preferible ver un clásico repetido que aventurarse en una historia que no sabe si quiere ser un drama familiar o un relato de horror sobrenatural. La falta de originalidad es evidente en cada escena, y aunque se agradece el intento de buscar conexiones mitológicas diferentes, la ejecución es tan floja que termina siendo un experimento fallido que difícilmente recomendarías a alguien que realmente aprecie el buen cine.

