Reseña de la película Aquaman (2018)

Si alguna vez pensaste que hablar con los peces era un superpoder medio de risa, esta cinta llegó para callarnos la boca a todos con un tridente bien puesto. Olvídate de ese superhéroe aburrido de las caricaturas viejas; aquí tenemos a un tipo que parece que se acaba de bajar de una moto en plena carretera para salvar el océano. La dirección logra que nos olvidemos de los dramas densos y nos invita a una fiesta bajo el agua donde la acción no para. Es refrescante ver cómo se arriesgaron a darnos algo visualmente tan cargado pero que funciona de maravilla, entregando una experiencia que se siente como un viaje en montaña rusa pero con mucha más agua y menos miedo a despeinarse. Jason Momoa se adueña de la pantalla con una presencia que mezcla la rudeza con una simpatía que no esperábamos, haciendo que la aventura se sienta ligera y sumamente disfrutable para cualquiera que busque un buen rato de ocio.

Los efectos visuales son, sencillamente, una locura que te vuela la cabeza. Lograron que el agua se sienta viva y que las peleas en el fondo del mar tengan un ritmo que ya quisieran muchas películas de naves espaciales. Ver a las criaturas marinas y los reinos ocultos es como asomarse a una pecera llena de esteroides. Lo más increíble es el detalle del cabello flotando y cómo se mueven los personajes; se nota que le metieron muchísimas ganas para que los efectos digitales no se vieran falsos. En Aquaman (2018), la construcción de este mundo submarino es tan sólida que uno termina deseando tener branquias para ir a echar el rol por allá, pues cada rincón de la ciudad sumergida tiene colores y luces que son un verdadero agasajo para la vista.

La historia nos cuenta la vida de Arthur, un tipo que es mitad humano y mitad atlante, fruto de un romance prohibido que parece sacado de la mejor de las novelas. Su madre, una reina que escapó de un matrimonio por compromiso, termina enamorada de un cuidador de faro, y de ahí sale nuestro protagonista con más músculos que una revista de ejercicio. El meollo del asunto es que el medio hermano de Arthur quiere armar un relajo de proporciones épicas contra los que vivimos en la superficie, y nuestro héroe tiene que decidir si se queda viendo la tele o si baja a reclamar su trono. A diferencia de otras historias del mismo universo que se ponen muy intensas y oscuras, aquí la narrativa es ágil y aventurera, con un ritmo que no te deja ni parpadear entre cada explosión y criatura gigante.

El elenco que da vida a Aquaman (2018)

Jason Momoa nació para este papel; tiene ese carisma de sobra que hace que te caiga bien desde el primer segundo. No es el clásico héroe estirado, sino alguien que disfruta el caos y tiene un sentido del humor bastante ocurrente. Pero no está solo en este chapuzón, pues lo acompañan pesos pesados como Willem Dafoe, que siempre le pone clase a todo lo que hace, y Nicole Kidman, que se ve imponente como la reina. Incluso los villanos tienen lo suyo, con un Patrick Wilson que se toma muy en serio su papel de hermano resentido. La química entre los actores ayuda a que esta entrega de Aquaman (2018) se perciba como una aventura completa donde todos encajan perfectamente en sus puestos, logrando que nos interesemos por lo que les pasa mientras esquivan rayos láser submarinos.

Al final del día, lo que tenemos aquí es una de las mejores apuestas que se han hecho en el cine de superhéroes recientemente. Es una película que no tiene miedo de ser extravagante y que aprovecha cada centavo de su presupuesto para dejarnos con el ojo cuadrado. No necesitas ser un experto en historietas para pasar un rato increíble, porque la cinta se explica sola y te mantiene entretenido con sus batallas épicas y sus paisajes de ensueño. Es el tipo de cine que se disfruta mejor con una cubeta gigante de palomitas y la mente abierta para dejarse llevar por la corriente. Sin duda, Aquaman (2018) es una pieza clave que demuestra que cuando se hacen las cosas con ganas y un buen toque de diversión, el resultado es simplemente espectacular y digno de verse más de una vez.

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