Pláticas por email
Seguro te ha pasado que, sin querer queriendo, terminas metido en una de esas conversaciones eternas que parecen chat de secundaria pero que están sucediendo en tu bandeja de entrada. No nos hagamos los desentendidos, todos hemos caído en el error de intentar llevar pláticas por email como si estuviéramos en WhatsApp, y la neta es que es una experiencia de lo más extraña. El correo electrónico nació para ser formal, para mandar archivos de la chamba o para escribir esas cartas largas donde uno se desahoga, pero usarlo para aventar frases de tres palabras es como querer usar un tráiler para ir por las tortillas a la esquina; simplemente no cuadra y termina siendo un relajo para todos los involucrados.
El problema principal es que el ritmo se rompe por completo. Mientras que en una aplicación de mensajería instantánea esperas que te contesten en segundos, en el correo pueden pasar horas o hasta días para que te llegue un simple “ok, enterado”. Esa espera mata cualquier chispa de una conversación amistosa y hace que se te vaya la onda de lo que estabas diciendo en un principio. Además, está el peligro de que todo lo que escribes se queda guardado ahí para siempre, listo para que alguien le de “reenviar” y lo use en tu contra si la cosa se pone color de hormiga. Es un medio que se siente oficial y serio, lo que le quita toda esa esencia relajada que debería tener una plática normal entre cuates.
Los peligros de las pláticas por email en el trabajo
Llevar este tipo de comunicación al terreno laboral es todavía más desconcertante, especialmente cuando te topas con gente que parece que no conoce los signos de puntuación o que de plano le da flojera escribir un párrafo decente. Aquí te van algunas razones por las que estas pláticas por email suelen ser un fracaso total:
- Respuestas cortas en tiempos largos: Recibir un “jajaja” dos días después de que mandaste el correo es lo más anticlimático que existe en el mundo digital.
- Pérdida del contexto: Para cuando te responden el tercer correo de la cadena, ya ni te acuerdas de qué estaban hablando originalmente y tienes que andar scrolleando hasta abajo para refrescar la memoria.
- Formalidad forzada: Intentar sonar buena onda mientras pones “Atentamente” o “Saludos cordiales” hace que la conversación se sienta más falsa que un billete de tres pesos.
- Falta de claridad: Sin el uso de emojis o tonos de voz, es súper fácil que alguien malinterprete un comentario y se arme un drama innecesario por una tontería.
Hace poco me tocó vivir una de esas pláticas por email que duró como cuatro días y que me dejó con el ojo cuadrado. Todo empezó de lo más normal, enviándole a un contacto de relaciones públicas el enlace de una nota que publicamos. Lo raro fue que, casi una semana después, recibí un correo que parecía más un mensaje de texto mal escrito, todo en mayúsculas y sin un solo acento. Le contesté por pura cortesía, esperando cerrar el tema, pero la otra persona insistió en seguir preguntando cosas que ni al caso venían. Al final, después de tanto rollo, me mandó un seco: “Bien. Adiós gracias”. Me quedé pensando si me estaba mandando a volar o si su ortografía era tan mala que en realidad quería decir “a Dios gracias”. Nunca lo sabré porque decidí que ya no quería seguirle el juego a esa comunicación tan bizarra.
Parece que se está perdiendo el arte de escribir una buena carta digital, de esas que tienen un principio, un desarrollo y un final bien estructurado. Hoy en día, la gente prefiere saturar el timeline de otros o usar el correo como si fuera una sala de chat abierta las 24 horas. Si tienes el teléfono de alguien o lo tienes en redes sociales, ¿qué necesidad hay de estar enviando correos de dos palabras cada tercer día? Se siente súper impersonal y hasta un poquito invasivo, sobre todo cuando es una relación meramente profesional donde no hay necesidad de andar queriendo quedar bien con preguntas que ni te interesan de verdad.
Si vas a usar el correo, lo ideal es explayarse, contar lo que está pasando con buena redacción y dejar que la otra persona lea todo el mensaje completo. Usar el espacio para intentar hacer pláticas por email solo genera confusión y hace que el trabajo se vuelva más pesado de lo que ya es. Lo mejor es dejar el correo para las cosas oficiales o para esas historias largas que valen la pena guardar, y dejar el chisme rápido para las aplicaciones que sí están hechas para eso. Así nos ahorramos malentendidos y evitamos que nuestra bandeja de entrada parezca un cementerio de frases sin sentido y despedidas que suenan a insulto por culpa de un punto mal puesto.
