Pláticas ocasionales

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Esas pláticas que siempre son parte de nuestra vida, si bien no es normal o muy común platicar con un extraño, eso es parte de la vida en una gran urbe; de repente tienes que charlar con un desconocido. Que normalmente son preguntas rápidas sobre dónde, cómo, cuándo o dónde está un lugar, incluso preguntar información; es común, así que de repente eres parte de una de esas pláticas ocasionales con alguien que tal vez ni vuelvas a ver, o tal vez sí.

Se han fijado como las personas que te quieren conocer empiezan de esa manera, poco a poco con esas conversaciones ocasionales que tienes con un desconocido o desconocida, rápidamente cambian de estatus si frecuentas mucho ese lugar y esa persona insiste en preguntas de información, como si tú fueras la señorita o el joven de los informes.

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Pues bien, así me paso a mí el otro día en la librería de mi preferencia, mientras buscaba el nuevo libro de mi autor favorito, creo que no engañe a nadie con mi falsa pretensión de intelectualismo, ok, ok, ok, lo confieso. Estaba yo llegando al gimnasio para comenzar mi rutina de tren superior (pecho, brazos y hombros para aquellos que desconozcan el argot del gym)
Bueno total, estaba yo empezando mis ejercicios cuando un desconocido x se acerca a mí, ok está bien, ya no voy a decorar la verdad se voltea porque estaba junto a mí y me pregunta algo, pero yo estaba en shock, alguien me habla en el gym.

Para mí fue como si a un fantasma que se sabe invisible, le hablará una persona viva, algo así como puede verme, OMG.
Mientras yo trataba de procesar que hubiera vida inteligente en ese lugar, mientras tenía la música 3 rayitas más arriba del nivel “estas sorda”, yo trataba de procesar lo que pasaba para contestar, para ser parte de esa plática ocasional muy excepcional, porque verán ustedes no se sí yo sea invisible o realmente tengo cara de pocos amigos, porque nadie nunca me habla.
Pues bien para escuchar lo que me decía esa persona tenía que quitarme los audífonos pero como que ninguna de mis neuronas estaba conectada porque lo que me quite en vez de los audífonos fueron los lentes como si esa hubiera sido la orden que mi cerebro entendió que tenía que hacer para escuchar, jajajajaja, genial, además de estar sorda por la música quitarme los lentes me privo de otro sentido: la vista.

Genial, así ya no hablaría con nadie y no vería ni papas, bien Yesica, bien. Estuve a punto de reírme pero mientras pasaba todo eso y pensaba lo babas que soy, la otra persona seguía esperando una respuesta.

Perdón que dijiste, fue lo que pude decir cuando mi cerebro se conectó con el mundo, pero claro no me volví a poner los lentes para que eso se viera como un acto voluntario y no estupidez por desconexión mental.

Obvio, la pregunta fue relativa al contexto, ¿qué ejercicio es ese?, pero yo me sentí muy tonta porque me quite los lentes para escuchar mejor a una persona, LOL, sólo yo.

Por cierto se han fijado que mis mejores ideas surgen en el gym, ese lugar que despierta en mí una extraña relación de amor, odio, codependencia y mucha cosas extrañas. No sé ustedes pero últimamente me he dado cuenta que mis mejores ideas, para trabajo, para mis reportajes. Para todo.

Mis mejores ideas surgen allí, mientras hago abdominales o ejercicios para pierna, es como si mi musa fuera instructora fitness y siempre me susurra creatividad y me besa con inspiración cuando estoy haciendo ejercicio, se me va a salir lo fresa, pero wey que pinche loco.

Mientras otros observan un atardecer para tener inspiración yo hago abdominales y lo peor es que sigo gorda, todo fuera tan fácil como engordar.

Regresando al tema es gracioso como he perdido total práctica para las pláticas ocasionales, como si nunca en la vida lo hubiera hecho.

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