Cuando terminas una relación siempre duele

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Te has fijado como cuando terminas una relación siempre duele, sin importar que esa relación amistosa, amorosa o de cualquier índole, sin importar que sea negativa para tu vida, el hecho de terminar algo siempre genera estrés y muchos sentimientos encontrados de tristeza, frustración y añoranza.

Cada que cerramos un ciclo algo dentro de nosotros muere, bueno, decir eso es muy pero muy extremo, pero de esa manera se siente cada que un ciclo, faceta o relación de nuestra vida termina.

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Es como si algo dentro de nosotros se rompiera, ok, tal vez nada se rompe y ni se compara, pero una descarga eléctrica se dispara desde nuestro estómago, como una ráfaga de mala vibra que recorre nuestra columna y se extiende por nuestras extremidades, piernas, brazos hasta los dedos, como una cubetada de agua fría desde nuestro interior.
Como si esa descarga eléctrica o tal vez lo más correcto es decir que un frío que nos hiela la sangre recorre nuestro cuerpo para terminar como cereza del pastel, la punta del iceberg, todo esto termina en nuestra cabeza en formato de que esa fue una mala idea, la peor decisión de tu vida.

llorar01Cuando algo termina y termina porque tu así lo decidiste o por que la otra parte decidió terminar eso, la sensación que se sufre es simplemente terrible, tan molesto es ese sentimiento que para evitar sentir esa carga eléctrica en tu cuerpo y para ya no experimentar el sufrimiento y remordimiento por haber terminado algo, somos capaces de retractarnos, suplicar y pedir perdón para regresar a viejos patrones destructivos y relaciones personales que no llevan a ningún lado; porque cuando terminas una relación siempre duele y para evitar ese sufrimiento y estrés, a veces es mejor echarnos para atrás.

Por cierto, todas nuestra relaciones duelen cuando terminan, las destructivas y las constructivas; pero hay que aceptarlo, las buenas no suelen terminar, a menos que la distancia, el tiempo o que una de la partes se mude de lugar, las buena relaciones con amigos o una pareja no terminan.

Y son las relaciones malas, esas que debemos dejar ir, las que cuestan dejar; será porque nos duelen los finales, buenos o malos, siempre terminan doliéndonos los finales.

Pero hay que aceptarlo, hay relaciones que deben terminar.

Hay amistades que no llevan a ningún lado, personas que no solo no aportan nada a nuestro crecimiento interno, sino que hay amistades que te quitan y te dejan sin nada.
También están las relaciones amorosas que son un círculo vicioso de sufrimiento y destrucción, relaciones que se sostienen únicamente por el miedo a estar solos o por la atracción física que sienten dos personas, pero fuera de eso no hay nada, no hay temas en común, no hay simplemente nada que una a esas personas.

Me pregunto, por qué seguir esas relaciones que no hacen nada por una persona, que no dan y solo quitan; pues bien, muchas de esas relaciones las conservamos porque cuando terminas una relación duele, así que para evitar ese sufrimiento es mejor continuar en medio de esa relación.
Y esto del sufrimiento relativo a terminar, creo que está muy relacionado con nuestro miedo a los nuevos comienzos, a despedirnos de ciclos y el miedo inherente a conocer a alguien más. Ya saben muchas personas prefieren malo por conocido que bueno por conocer.

Y eso mismo me paso hace un par de días, justo cuando una extraña relación del tipo romántico estaba llegando a su fin, una larga y bizarra historia de muchos años; años de enojos, berrinches y egos, justo cuando había decidido que eso ya era demasiado aburrido para mi gusto, fue entonces cuando ambos nos quedamos sin nada más que decir, solo adiós, y si bien yo ya estaba harta de esa extraña relación y lo lógico era un hasta luego y cada quien por su lado, el hecho de pronunciar ese adiós anunciado durante mucho tiempo, me dejo helada y ese sentimiento del cual hablaba en un principio me invadió.

Una tristeza que no puedo describir sin importar que esa relación ya se había deteriorado tanto, al grado que pasaban los meses sin hablar y cuando hablábamos, solo un qué quieres era la forma en la que comenzábamos nuestras conversaciones.

Dos personas hartas la una de la otra, pero aun así el sentimiento triste de decir adiós estaba presente.

Cuando terminamos una relación siempre duele.

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