Vivir siempre en WhatsApp

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OMG, neta, OMG, y otro OMG para lo fresa que soné; como si eso fuera posible cuando uno escribe, pues yo lo logre, puedo ser fresa también en un nivel escrito.

Bueno, regresando a mis dos primeros OMG, tengo que decir otro OMG, porque ahora todos tienen la nariz metida en el celular y no en cualquier aplicación, todos están en WhatsApp en lo que es un fenómeno extraño que yo llamo la era de la gente clavada con WhatsApp y no solo son jóvenes los que sufren este padecimiento o viven esta era, noooooo, niños, jóvenes, adultos, viejitos casi todos tienen la nariz, los dedos y la atención fija en WhatsApp.

Y esto de ser adicto al celular y vivir en función de él, pues no es nuevo, y si bien todavía hay una resistencia minoritaria que se niega a ser víctima del WhatsApp y por ejemplo si vas en el metro, están los que van jugando con el celular, los que leen cosas en su smartphone o te puede pasar como a mí, que el chico de al lado venia durmiéndose en mi hombro, casi babeándolo o del otro lado puede estar un viejecillo con una versión antigua de lectura, es decir un libro.

Son estas personas, y obvio yo, los que nos resistimos a vivir siempre pegados al WhatsApp, no seremos muchos, pero la resistencia existe.

Aunque aclaró, yo solo estoy en contra de vivir dependientes de WhatsApp, digo, no es que yo quiera deshacerme de mis smartphone, por dios, ellos son mis herramientas de trabajo.
Así que es muy común verme sentada escribiendo en ellos o actualizando redes sociales; pero lejos de lo que muchos piensan, no estoy obsesionada con mis celulares y mucho menos con triviales conversaciones por WhatsApp o el chat del face, es más, trato lo menos que se pueda conversar por estos medios y hacerlo a la usanza antigua, como una especie de moda retro, en la que es mejor hacer contacto como solía hacerse antes, es decir, FACE TO FACE, sin el Facebook.

Esa información es por si te mortificaba saberlo, o te mataba la curiosidad mis usos y costumbres con los mensajeros instantáneos, yo no dependo de ellos en lo más mínimo y tampoco soy esclava de conversaciones sin sentido o relaciones que en su mayoría son virtuales, las cuales ahora considero muy superficiales.

Realmente a mis treinta y tantos, ok, 32, como que ya estoy curada de espantos y entiendo como algo virtual, ocasional y muy superficial esas conversaciones, en las que lo único que invierta la otra persona, es solo un click en sus smartphones o computadores, y hacen eso porque están aburridos, así que es mejor interactuar con otra persona, vía cualquier mensajero instantáneo.

Supongo que esa es la razón por la cual todos van con la cabeza pegada en WhatsApp, revisando sus conversaciones, mirando chats viejos, revisando quien está en línea de una forma tan apremiante que resulta enfermiza.

Y el otro día mientras iba en el metrobus, escuchando música, pensando en la vida, mirando por la ventana, analizando mi vida descubrí que todos o mejor dicho muchos, todos iban viendo sus celulares y todos estaban revisando WhatsApp de forma compulsiva y lo peor es que ni siquiera estaban platicando con alguien, solo estaban viendo conversaciones, una y otra, viendo quien estaba en línea, como si eso fuese la vida misma o llenara un vacío, o una necesidad de contacto.

Algunos iban viendo su WhatsApp con cara angustiada, pensando y pensando, otros tantos esperaban con ansias una respuesta y otros pocos, sonreían como tontos viendo sus conversaciones.

Bien, cuando se analiza de forma aislada, es comprensible esto de estar conectados a WhatsApp con amigos, familiares e incluso contactos de trabajo, eso me hace entender lo bizarro de vivir siempre en WhatsApp; pero cuando se ve en un conjunto y todos están esperando a que algo pase en su smartphone y ven con cara de angustia su celular, perdiéndose todo lo que está pasando en el mundo, eso resulta preocupante.

Vivir siempre en WhatsApp es una reacción lógica a la comunicación y nuestra constante necesidad de vivir comunicados, pero en qué punto esta es una herramienta que nos ayuda o es ahora algo que nos limita.

Creo que soy de esas pocas personas que van con la cara en alto mirando el paisaje, la gente pasar y sumergida en sus pensamientos, bueno, creo que es mejor que vivir siempre en WhatsApp esperando conversaciones, sonidos, notificaciones o respuestas que parecen llenarnos, pero cuando se analizan de cerca, todas esas interacciones son tan vacías y superficiales, como adictivas.

Menos WhatsApp y más vida, menos notificaciones y más visitas, menos texto y más compañía. Hay que dejar de vivir siempre en WhatsApp para vivir entre las cosas reales, es decir las cosas que se pueden tocar, las personas que se dejan ver, las risas que puedes oír, los abrazos que puedes dar.

Por un mundo con más interacciones físicas y menos interacciones virtuales; puta, sabes que el mundo está mal, cuando la gente prefiere cachondear en WhatsApp, es decir, textear, en lugar de ir a manosear en vivo y directo.

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