Vikingos 4×18 Revenge
Si eres de los que pensaba que la serie se iría directo al precipicio tras la muerte de su protagonista, déjame decirte que estabas muy equivocado, y yo también. La ausencia de Ragnar Lothbrok, lejos de hundir el barco, parece haberle puesto un motor fuera de borda a la trama en esta recta final de la cuarta temporada. La jugada del viejo vikingo fue maestra: sacrificarse para que sus hijos, y de paso todos los pueblos del norte, se unieran en una sola masa de furia y hachas afiladas.
Lo que ocurre en Vikingos 4×18 Revenge es justamente el pago de esa deuda sangrienta. Hemos vuelto a esos capítulos vertiginosos donde no puedes parpadear porque te pierdes una traición o una muerte importante. Si Ragnar siguiera vivo, quizá esta invasión no se sentiría tan pesada ni tan trascendental; su fantasma pesa más que su presencia física y eso se nota en cada escena de este episodio.
El misterio de la batalla que nunca vimos
Hay algo que debemos comentar y que nos dejó a varios con cara de “¿qué pasó aquí?”. El episodio construye una tensión brutal, mostrándonos al Gran Ejército Pagano desplegado en toda su gloria, una muralla de escudos y caras pintadas que haría temblar a cualquiera. Del otro lado, los ingleses rezando lo que sabían. Todo estaba listo para el choque épico en Vikingos 4×18 Revenge, y de repente, la edición nos hace un corte directo al desenlace.
Es muy probable que la producción decidiera ahorrarse unos buenos pesos en coreografías masivas y extras para centrarse en lo que venía después, pero no deja de ser gracioso (y un poco frustrante) que nos robaran la acción del combate cuerpo a cuerpo. Sin embargo, lo compensaron con lo que realmente queríamos ver: el destino del Rey Aelle.
Un águila de sangre con sabor a justicia
Aquí es donde la serie no se anda con rodeos. La ejecución del Rey Aelle no fue un simple trámite; fue una declaración de principios de los hijos de Ragnar. Bjorn y sus hermanos no iban a dejar que el hombre que tiró a su padre a un pozo de serpientes tuviera una salida fácil.
Sobre la técnica de tortura mostrada, hay puntos interesantes a resaltar:
- La brutalidad implícita: A diferencia del águila de sangre que Ragnar le hizo a Jarl Borg, que fue casi una clase de anatomía, la de Aelle en Vikingos 4×18 Revenge se siente distinta. Es sanguinaria, sí, pero visualmente la manejaron de forma que tu imaginación hiciera el trabajo sucio.
- La satisfacción del espectador: Ver a Aelle arrastrándose y dándose cuenta de que su Dios no iba a bajar a salvarlo fue, admitámoslo, un momento de oscura satisfacción para los fans.
- La unidad de los hermanos: Lo más rescatable no es la sangre, sino ver a Ivar, Bjorn y los demás operando como una sola entidad vengativa.
Ecbert y las verdades que duelen más que un golpe
Mientras en el norte llueve sangre, en la corte del Rey Ecbert llueven verdades incómodas. Sabes que estás en problemas cuando tu propio hijo te acorrala emocionalmente. La escena entre Ecbert y Aethelwulf es de las más potentes a nivel dramático.
El pobre Aethelwulf, que siempre ha sido el peón de su padre, finalmente explota y le pregunta si alguna vez lo quiso. Y aquí es donde Ecbert se lleva el premio al “Padre del Año” (nótese el sarcasmo), porque su silencio confirma lo que todos sospechábamos: el rey amaba más a sus enemigos y amigos intelectuales como Ragnar o Athelstan, e incluso a su nuera Judith, que a su propia sangre.
Que se prepare el viejo rey, porque ahora que Aelle ha sido tachado de la lista en Vikingos 4×18 Revenge, él es el plato fuerte que sigue en el menú de los norteños. La serie ha retomado un nivel de intensidad bárbaro, demostrando que la historia de estos guerreros trasciende a un solo hombre. Si los guionistas mantienen este ritmo, el final de temporada va a ser una locura total.
