Qué son los sueños húmedos y por qué pasan

Despertar en la madrugada con la pijama pegajosa y una cara de confusión total es una experiencia que a muchos les saca un buen susto la primera vez. La neta, nadie te avisa que mientras estás bien jetón soñando con esa persona que te trae arrastrando la cobija, tu cuerpo decide armar su propia fiesta privada. Este fenómeno, médicamente conocido como polución nocturna, es completamente normal y le pasa a la mayoría de la banda, sin importar si eres chavo o ya estás más grandecito. Lejos de ser un castigo divino o una señal de que andas urgido, se trata de un proceso fisiológico súper fascinante donde tu sistema reproductivo hace un corte de caja mientras tú estás en el quinto sueño.

La ciencia detrás de los sueños húmedos y la magia nocturna

Para entender qué onda con los sueños húmedos, hay que echarle un ojo a lo que hace tu cerebro cuando pegas la pestaña. Durante la fase más profunda del descanso, esa donde los ojos se mueven de un lado a otro a toda velocidad, el flujo sanguíneo hacia la zona pélvica aumenta de forma natural. Tu cuerpo empieza a liberar hormonas como loco, especialmente la testosterona, y si a eso le sumas el roce de las sábanas o un sueño subido de tono que tu imaginación se armó de la nada, el resultado es una eyaculación involuntaria. Es básicamente tu organismo diciendo que la maquinaria funciona al cien y necesita liberar un poco de tensión acumulada de manera automática.

Por qué ocurren y quiénes están en la zona de impacto

Si creías que esto era un mito urbano o algo que solo le pasaba al amigo del amigo, te equivocas gacho. Aunque son más comunes durante la pubertad debido al tremendo desastre hormonal que traen los adolescentes, los adultos también pueden tener sueños húmedos si pasan un buen rato sin echar pasión o si andan con los niveles de estrés hasta el tope. No necesitas estar soñando algo explícito para que suceda; a veces, tu mente está pensando en que vas tarde a la escuela o al jale, y de repente, ¡pum!, sorpresa en la cama. Para que quede más claro la razón de ser de este asunto, checa estos puntos clave:

  • Renovación de inventario: Tu cuerpo produce nadadores todo el tiempo, y esta liberación es la forma natural de desechar los viejos para hacer espacio a los nuevos.
  • Cero control consciente: Es un reflejo físico sobre el cual no tienes ninguna jurisdicción, así que sentir culpa es una reverenda tontería.
  • El factor de abstinencia: Pasar mucho tiempo sin actividad en solitario o en pareja aumenta las probabilidades de que tu cuerpo decida liberar presión por su cuenta.

Dejar de estigmatizar estas situaciones es el primer paso para llevar una sexualidad plena y sin prejuicios. En lugar de esconder las sábanas en el fondo del bote de ropa sucia con cara de arrepentimiento, hay que entender que pasar por esto es una simple señal de salud y vitalidad de tu propia biología. Así que, si te llega a pasar, relájate, échale agua y jabón al asunto, y sigue durmiendo como un angelito, sabiendo que tu cuerpo simplemente está haciendo el trabajo de mantenimiento que le toca de madrugada.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com