¡Sorpréndeme!

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No hay nada en este mundo que me guste tanto como las sorpresas, bueno sí, me gusta la aventura, me gusta comer, me gustan los viajes, me gusta estar con mis amigos, me gusta la buena compañía, me gusta escribir, ay qué carajo, me gustan muchas cosas en esta vida incluidas las sorpresas. El problema con las sorpresas es que no muchas personas logran sorprenderme, por eso me gustan tanto, porque son inusuales y no es que uno viva esperándolas, son cosas poco comunes que cuando menos te lo esperas BAM te golpean y te quitan el aliento, pero te golpean en un buen sentido.

Típicamente cuando éramos niños todo era una sorpresa, todo era nuevo, todo a lo que nos enfrentábamos no era usual, desde regalos ha experiencias de vida. Todo era más fácil en esos días, pero de repente creces y todas aquellas cosas que nunca antes habías visto se suman diariamente a un montón de desilusiones o a miles de cosas que ya has visto, ya tienes o has experimentado hasta el cansancio.

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Sin embargo que hayas visto ya todo en este mundo, no hace que olvides la enorme sensación de las sorpresas, de recibir algo que no esperabas o ver algo que te impacte. Ahora cada que alguien te promete una “sorpresa” después de descubrir algo que no te sorprendió terminas con una sensación de insatisfacción, de que te robaron o que te incumplieron; mejor en todo caso que te digan te voy a regalar algo y que te digan que, y no porque seas un convenenciero, sino para evitar esa sensación de fraude cuando un regalo no cumple con las expectativas de sorprenderte.

Esa es la clave con los regalos, uno los asocia automáticamente con sorpresas y básicamente un regalo es solo un objeto material, ¿por qué los relacionamos con sorpresas?, pues bueno, la culpa es de nuestra infancia cuando los regalos todos eran sorpresas.

Porque uno espera en una caja todas aquellas emociones y sentimientos que uno relaciona con las sorpresas.

Cada que alguien me pregunta que quiero, mi respuesta es “sorpréndeme”, yo deseo algo impredecible, nuevo e impactante o por lo menos algo que me llene de confort, ese es el reto conmigo; sorprenderme cada día.

Lo malo es que resulta muy difícil, es más, cuando alguien me pregunta ¿Qué quieres de la tienda?, es mi misma respuesta “SORPRENDEME” lamentablemente para mi es que a veces los gansitos, las galletas o cosas que me traen no me sorprenden, cuando yo quería unos twinkies me traen un gansito y cuando quería un gansito me traen unas galletas, ya sé, sería más fácil decir lo que se me antojo, pero me gusta vivir en el peligro y si algún día me pueden sorprender dándome lo que yo quiero y/o necesito sin decirlo ese será mi momento de máxima felicidad y sorpresa, así como para llorar.

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