Cómo se mide la vida de una persona

¿Alguna vez te has sentido como un número más en la lista del súper? Vivimos en una época donde parece que si no tienes un contador de seguidores en la frente o un sueldo de seis cifras, simplemente no existes. Todo el tiempo nos están bombardeando con métricas de éxito que nos hacen cuestionar cómo se mide la vida de una persona, como si estuviéramos en una competencia eterna para ver quién llega más rápido a una meta que ni siquiera nosotros pusimos. Que si ya tienes la casa, que si ya te casaste, que si ya viajaste a ese lugar que sale en todos los filtros de internet. La presión está muy fuerte y a veces se nos olvida que no somos una hoja de cálculo. Nos la pasamos comparando nuestra chamba con la del vecino, pensando que los logros materiales son la única regla válida para saber si vamos bien o si ya nos quedamos atrás en la carrera de la existencia.

Esa necesidad de ponerle un número a todo es algo que traemos tatuado desde morritos. El otro día, mientras iba en el camión todo apretujado entre el ruido del motor y el tráfico eterno, me tocó escuchar a una señora tratando de explicarle a su hijo pequeño qué onda con el tiempo. El niño estaba necio preguntando cuántos años tenía el bebé de la vecina, y cuando le dijeron que apenas tenía un par de semanas, el pequeño entró en cortocircuito porque para él, si no tenías “años”, no eras importante. Esa escena me dejó pensando en cuántos adultos operamos exactamente igual. Estamos obsesionados con la idea de que cómo se mide la vida de una persona tiene que ver forzosamente con el tiempo acumulado o con cuántas velitas soplaste en tu último pastel, cuando la realidad es que hay gente de ochenta años que no ha vivido ni la mitad que un joven con ganas de comerse al mundo.

Diferentes formas sobre cómo se mide la vida de una persona

Si nos ponemos a analizar, cada quien trae su propio metro para medir sus días, y la mayoría de las veces son parámetros bastante absurdos. Aquí te dejamos algunas de las métricas más comunes que nos inventamos para sentir que estamos haciendo algo con nuestra existencia:

  • La métrica del billete: Hay quienes piensan que su valor es proporcional a los ceros en su cuenta de banco. Se olvidan de que la lana va y viene, pero el tiempo que pierdes estresándote por ella no regresa.
  • La regla de los sellos en el pasaporte: Otros creen que son más humanos porque tienen más fotos en lugares exóticos, aunque en realidad no hayan disfrutado ni un minuto por estar buscando el mejor ángulo para la foto.
  • El contador de dramas: Existen personas que miden su vida por la cantidad de problemas que han sobrevivido, como si sufrir fuera un requisito indispensable para graduarse de la escuela de la vida.
  • El estándar de los abrazos: Los más cursis dicen que todo se resume a los momentos que te quitan el aliento, lo cual suena muy bonito en una tarjeta de regalo, pero no te ayuda a pagar la renta.

La realidad es que tratar de encontrar una respuesta definitiva a cómo se mide la vida de una persona es una batalla perdida desde el inicio. Nos han vendido la idea de que el éxito es un destino al que llegas después de trabajar como loco y acumular cosas, pero esa es una mentira más grande que las promesas de tu ex. La satisfacción personal y esa sensación de paz cuando te acuestas a dormir no se pueden cuantificar con ninguna regla. A veces, la vida se mide en esas risas con los compas donde hasta te duele la panza, o en el sabor de unos buenos tacos después de un día pesado. Esos momentos no salen en las estadísticas de productividad, pero son los que realmente te hacen sentir que no estás aquí nada más de paso.

Nos encanta complicarnos la existencia buscando parámetros objetivos para algo que es totalmente subjetivo. Al final, lo que cuenta es si te sientes bien con lo que ves en el espejo cuando nadie más te está viendo. No importa si tienes mil trofeos en la repisa o si todavía estás descifrando qué quieres hacer con tu futuro. La vida se trata de vivir, así, sin tantas pretensiones ni fórmulas matemáticas. Dejar de lado la necedad de saber cómo se mide la vida de una persona podría ser el primer paso para empezar a disfrutarla de verdad. Deja de preocuparte por el marcador y mejor enfócate en jugar bien el partido, porque el tiempo vuela y no hay botón de reinicio para las oportunidades que dejas pasar por estar contando lo que no se puede contar.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com