Reseña de la película Kin El Legado (2018)
Imagínate que vas caminando por la calle, buscando chatarra para sacar unos pesos y te encuentras un rifle láser que parece sacado de una película de naves espaciales que todavía no se estrena. Pues más o menos de eso trata Kin el legado, una cinta que prometía ser la octava maravilla del cine de ciencia ficción y terminó siendo más lenta que un desfile de caracoles en domingo. La historia nos presenta a Eli, un chavo adoptado que anda en plena etapa de rebeldía porque su mamá falleció y su papá, interpretado por un Dennis Quaid que sale menos tiempo que un político en campaña, ya no sabe ni qué hacer con él. Todo el numerito se pone color de hormiga cuando aparece Jimmy, el hermano mayor que acaba de salir de la cárcel y trae una sarta de deudas con unos malandros que no se andan con juegos.
Lo que pasa en la trama de Kin el legado
El núcleo de este relajo es la dichosa arma de otro mundo que el protagonista se encuentra por puro azar. Uno pensaría que con un artefacto así de destructivo veríamos explosiones, persecuciones épicas y mínimo un par de alienígenas reclamando su propiedad, pero la realidad es que Kin el legado prefiere enfocarse en un drama familiar que se siente más pesado que una cruda de lunes. La película se convierte en un viaje por carretera donde los hermanos huyen de un criminal bastante intenso, encarnado por James Franco, quien parece ser el único que sí le echó ganas a su papel de villano. Sin embargo, el ritmo de la narración se siente arrastrado y por momentos parece que los directores se olvidaron de que tenían un arma intergaláctica entre manos, dejándola guardada en la maleta mientras nosotros nos chutamos diálogos que no llevan a ningún lado.
A pesar de tener nombres pesados en el reparto, como Zoë Kravitz que sale de una bailarina que se les une en el camino, las actuaciones se sienten más planas que una tortilla recién salida de la prensa. El problema principal no es que los actores sean malos, sino que el guion les da tan poco material para lucirse que terminan pareciendo figuras de cera con muy poco carisma.
- Dennis Quaid aparece tan poquito que si parpadeas te pierdes su participación estelar.
- Jack Reynor, como el hermano problemático, se la pasa quejándose y tomando malas decisiones que solo hacen que quieras que lo atrapen pronto.
- El arma espacial tiene más personalidad y misterio que la mitad de los personajes secundarios.
- El final intenta dar un giro de tuerca para justificar una secuela, pero llega tan tarde que ya para ese punto uno solo está pensando en qué va a cenar.
Es una verdadera lástima porque la premisa de Kin el legado tenía todo para ser un éxito de esos que te dejan picado, pero se queda en un intento tibio que no sabe si quiere ser una película de acción o un drama independiente sobre la madurez. La falta de coherencia y esa sensación de que estiraron una historia de veinte minutos para que durara casi dos horas termina por cansar hasta al espectador más paciente. Al intentar abarcar tantos géneros, la película pierde su identidad y se queda flotando en un limbo donde no termina de emocionar ni de conmover.
Ver esta cinta es como cuando te prometen una carne asada de lujo y terminan dándote puros nopales; no es que estén malos, pero tú ibas con otra idea en la cabeza. La ejecución fallida de una idea tan interesante nos recuerda que no basta con tener efectos especiales decentes o un par de caras conocidas en el póster si no tienes una historia que sepa a dónde va. Si tienes una tarde libre y muchas ganas de ver cómo un arma alienígena se desperdicia en manos de unos humanos con mala suerte, dale una oportunidad, pero no esperes que te cambie la vida ni que te mantenga al borde del asiento.
