Reseña de la película Toy Story 4
Parecía que ya habíamos cerrado el ciclo, que habíamos llorado todo lo que teníamos que llorar cuando Andy se fue a la universidad, pero Pixar decidió que todavía nos quedaba un poquito de hidratación en los ojos y nos lanzó esta cuarta entrega. La realidad es que despedirse de los vaqueros y guardianes espaciales con los que crecimos está cañón, se siente como terminar con ese ex al que todavía quieres pero sabes que ya no pueden seguir juntos. La película Toy Story 4 llega no solo para darnos un golpe de nostalgia directo al hígado, sino para presumir una animación tan brutalmente realista que casi puedes sentir la textura del plástico y la pelusa en la ropa de los personajes.
Siendo muy honestos, el miedo a que arruinaran una trilogía perfecta estaba latente, pero el resultado es un cierre bastante digno que, aunque nos deja el corazón medio apachurrado, se siente necesario. Woody, nuestro comisario favorito, enfrenta una crisis existencial que resuena con cualquiera que haya sentido que ya no encaja en su grupo de amigos. La narrativa es impecable y logra mezclar esos momentos donde se te hace un nudo en la garganta con chistes que funcionan tanto para los niños como para los adultos que pagamos la entrada.
¿De qué va la trama en la película Toy Story 4?
Todo parece miel sobre hojuelas en la habitación de Bonnie, pero la jerarquía social de los juguetes ha cambiado drásticamente. Woody, que solía ser el mero mero, el jefe de la banda, ahora se la pasa acumulando polvo en el armario porque ya no es el favorito. Y aquí es donde la cosa se pone interesante y un poco triste, porque ver al vaquero tratando de encontrarle sentido a su vida de plástico cuando ya no es el protagonista del juego, pega duro. En un intento desesperado por sentirse útil, se cuela en la mochila de Bonnie (algo que si lo piensas es medio ilegal, pero es Woody) para acompañarla a su primer día de kínder.
Es ahí, entre pegamento y diamantina, donde nace la verdadera estrella de este show: Forky. Bonnie agarra una cuchara-tenedor, le pega unos ojos saltones, unos limpiapipas deformes y ¡pum!, crea vida. El problema es que Forky no se siente un juguete; él tiene alma de basura. Su única meta en la vida es lanzarse al primer bote de desperdicios que encuentre porque ahí siente que pertenece. La dinámica de la película Toy Story 4 gira en torno a Woody convirtiéndose en la niñera de este utensilio suicida, tratando de explicarle que ser amado por una niña es más chido que estar embarrado de restos de comida.
El regreso de Bo Peep y el veredicto final
La aventura se descontrola cuando Forky logra su cometido de escapar y Woody sale al rescate, lo que nos lleva a un reencuentro que todos esperábamos: Bo Peep. Pero olviden a la pastorcita frágil de las primeras pelis; esta nueva versión es una guerrera callejera que maneja un zorrillo motorizado y sabe artes marciales con su bastón. El contraste entre un Woody aferrado al pasado y una Bo Peep que abrazó la libertad y el cambio es el corazón de la cinta.
Visualmente, la cinta es una joya. La iluminación en la tienda de antigüedades, la lluvia, el polvo, todo está cuidado al milímetro. Pero más allá de lo técnico, la película Toy Story 4 nos regala una lección sobre identidad y propósito. Nos enseña que no somos lo que los demás esperan de nosotros, sino lo que nosotros decidimos ser. Forky aprende que puede ser más que un cubierto desechable y Woody aprende que su valor no depende de un solo niño.
En fin, si tienes ganas de reírte con las ocurrencias de nuevos personajes como Ducky y Bunny (que son una joya de la comedia negra), y estás dispuesto a soltar la lagrimita con un final que cierra ciclos de verdad, esta cinta es obligatoria. No es solo una película para niños, es una terapia de despedida para todos los que crecimos gritando “hay una serpiente en mi bota”.