Nunca hay churros cuando uno quiere comprar churros

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Ley de la vida, neta, una estúpida ley que aplica para todo, cuando quieres algo o lo necesitas urgentemente, tanto, que eso ya parece una obsesión, cuando quieres algo no está, tan simple como eso.

Puts, es más, hasta parece ironía de la vida, porque incluso puede ser que el día anterior hayas visto eso que ahora buscas con necesidad y urgencia por todos lados; cundo no querías ahí estaba, pero en el segundo en el que lo quieres, en ese mismo minuto eso desaparece.

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Creo que tendré que explicarme mejor y no ser tan genérica, porque probablemente no me entiendas y te haya confundido mi última y gran quest o búsqueda por churros, con otras cosas, otras filosofías de la vida.

Bien, yo desde ayer tengo unas ganas muy insanas, si por aquello de la lonja, de comer churros. Con este clima tan invernal ayer tuve una gran idea, mi gran idea saliendo del gym por la noche, fue comprar unos churros de camino a casa, llegar, hacerme un chocolate caliente bien espesito y denso para acompañar mis ricos churros. Claro, no soy una golosa, pensaba compartir mis churros, esas panosas delicias, grasientas, cubiertas de azúcar con mi familia; todos a compartir churros y chocolate caliente, es así como se forjan lazos afectivos y se comparten las calorías, con tus seres queridos.

Pero paso algo extraño, no había churros por ningún lado, es como si se hubieran desaparecido; es más, podría jurar que la noche anterior en cada esquina y con diferencia de algunos metros, había puestos de churros callejeros. Extraño, ¿no?

Siempre hay churros por todos lados, en el metro, en la esquina, en la tienda, en el súper, en las panaderías, hay gente ambulante vendiendo churros por todos lados. Es más, hasta es hartante verlos por todos lados, uno termina pensando, “no, no quiero churros, ni hoy, ni al rato, ni mañana, ni nunca”, ESO PENSABAS EN EL MOMENTO QUE HABÍA CHURROS POR TODOS LADOS, no quiero, odio los churros que inundan las calles, y sus vendedores te gritan a todos niveles y en diferentes estilos “churros”.

Díganme ¿cuándo los churros se hicieron en el snacks de los mexicanos para toda ocasión?, mmmmm, no sabría decirlo. Yo, yo sólo los como cuando hace frío o cuando estoy en la churrería del centro, sólo en esos dos casos compro y como churros hasta hartarme y llenar mi ropa y cabello de azúcar.

Así que normalmente yo, y creo que los demás también, terminan alucinando a los churros que mágicamente están por doquier; pero, si, viene el pero de la vida.

En el momento que quieres un churro, desaparecen y se presumen extintos, entre más los buscas, menos los hayas, es más, ni en el metro hay churros en la salida.

¿Qué?

Extraño pero sucede, así que entré más buscaba en todos los lugares posibles o tiendas que pudieran tener mis churros para mi chocolate, menos aparecían y obvio más me obsesionaba con hallarlos y entre más me obsesionaba con ellos menos aparecían.

Y descubrí esa ley de la vida, que aplica a todo y no sólo a churros, cuando descubres que quieres algo que siempre estuvo en tu vida, ese momento la vida se burla de ti en tu cara y te das cuenta que ya no está y nunca más estará, lo que te obsesión mucho más, un extraño y retorcido juego que va así:

Cuando no quieres algo, ahí está. Cuando quieres ese algo, que te harto de tan disponible que estaba, justo cuando dices: bueno, va, en ese justo momento, kaput, desaparece.

Esta extraña lógica de la vida no solo sucede con churros, es aplicable a cualquier objeto, comida o persona. Un día puede ser que ese algo o ese alguien estén en tu vida de forma cotidiana, normal y abrumadoramente todo el tiempo, pero un buen día, eso desaparece y en ese momento descubres que es el objeto de tu deseo.

También, cuando alguien nos dice que no, no podemos tener algo o no quiere estar con nosotros, después de haber estado tan disponible, uno termina obsesionándose con conseguir aquello. La moraleja entender que si quieres churros tienes que ir al centro por unos frescos, recién horneados y sin haber estado expuestos a microbios, bacterias y demás agentes patógenos de la calle.

Sí, esa es mi moraleja, ah, y valora las personas que hoy están muy disponibles, puede ser que mañana cuando se harten de estar disponibles, mañana se vayan y en ese momento te das cuenta que es lo único que deseas en la vida.

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