Siempre quise un Play-Doh

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Todos, tenemos algo que siempre hemos querido tener desde pequeños y nunca hemos podido tener, claro, algunos tienen deseos un poco locos, por no decir absurdos, y ese algo es un Ferrari, ser dueños de Play Boy, una gran mansión, tener por novia a una Conejita o a Scarlett Johansson, eso hablando de hombres, pero las mujeres no nos quedamos atrás y también soñamos con grandes riquezas y una cita con Thor, bueno, Chris Hemsworth, y digo que estos sueños son locos y guajiros porque el porcentaje que tenemos para que se hagan realidad suele ser muy bajo; pero eso no nos evita soñar y desear ese algo que siempre hemos querido, ese algo que nos falta para ser felices y es parte de un anhelo básico y primario que se guardó en el baúl de los recuerdos mentales, porque nunca pasó.

Pues bien, obvio si quiero ser rica y tan famosa como para salir con la celebridad del momento, pero esos son deseos superficiales que he aprendido a entender que son sueños que solo se harán realidad cuando me encuentre la lámpara mágica.

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Pero hay algo que siempre he querido tener, un fuerte deseo que se grabó en mi cuando era pequeña, algo que es factible que se cumpla.

Creo que todos, bueno, no todos, y esto es algo que las personas normales compartimos porque los ricos y poderosos lo tienen todo; es que de pequeños deseábamos tener un juguete maravilloso que, por su costo, nunca pudo llegar en Navidad, cumpleaños, Año Nuevo o cualquier otra celebración.

Y es ese deseo que se guarda con el paso de los años y se transforma en suspiros y decir siempre quise un Play-Doh, en mi caso.

Ya sé, conforme crecemos esas necesidades se van complicando mucho.
Primero desde necesidades básicas como casa, comida y eso, para llegar a los sueños locos y guajiros de fama y grandeza. Sin embargo, todos tenemos un juguete de la infancia, que nos persigue, que nos atormenta y que hubiéramos deseado tener.

Para mis contemporáneos, los treintones, seguro el Castillo Greiscol o el Mini Horno de Pasteles, son cosas que siempre desearon tener y se convirtieron en algo que todavía les puede y les pesa.
Pues bien, lo que yo siempre quise y nunca tuve, fueron los módulos de Play-Doh, porque lógicamente no quería solo un envase de esta pasta para modelar, mi sueño en mi infancia era recibir un set de juego de esta marca, cosa que nunca pasó, ya sabes, por la economía y que esas cosas eran muy caras.

Y esto no lo digo llorando o con frustración, para nada estoy contándote una historia triste para que me toque el violín más pequeño con la melodía más triste del mundo, no, para nada, y es que el no tener un Play-Doh, afortunadamente, no está en mi lista de mis muchos traumas de la infancia, pero será algo que siempre tendré presente que quise tener y nunca lo tuve.

Así que esta es una reflexión en voz alta de los deseos y las cosas que queremos y creemos que son indispensables para vivir, pero con el tiempo aprendemos que no es así y juguetes, cosas materiales terminan siendo algo que un tiempo deseábamos con mucha fuerza, pero luego esos deseos se esfuman para que empecemos a desear y anhelar juguetes nuevos.

Claro, ahora podría comprarme mi set de Play-Doh pero ya no sería lo mismo y si bien todavía sigo diciendo siempre quise un Play-Doh prefiero seguir conservando ese recuerdo que tenía de pequeña de que era mi must have, eso que siempre iba a querer, ah tenerlo y darme cuenta que no es lo que pensaba.

Además, si es cierto lo que dijeron los grandes filósofos de la antigua Grecia, el deseo, anhelo y hasta la felicidad que ese objeto podría darme, solo existe mientras no lo tenga.

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