¿Nunca han deseado que todo sea una jodida broma?

La adultez llega sin manual de instrucciones, y con ella, una avalancha de responsabilidades, facturas, y decisiones que parecen sacadas de una tómbola infernal. ¿Alguna vez has tenido uno de esos días en los que quisieras que una voz desde el cielo gritara “¡Corten! ¡Es una broma!”? Sí, esos días donde todo sea una jodida broma cósmica orquestada para tu “entretenimiento”.

Cuando la vida se siente como un Reality Show

Imagina por un momento que tu vida es un programa de televisión. No uno de esos dramas glamurosos, sino más bien un reality show de bajo presupuesto con efectos especiales de dudosa calidad. En lugar de ganar un millón de dólares, el premio es una montaña de deudas y la eterna pregunta: “¿Qué estoy haciendo con mi vida?”. A veces, la idea de que todo sea una jodida broma suena más reconfortante que la cruda realidad.

La esperanza de la cámara oculta

¿No sería maravilloso que, en medio de una junta interminable o mientras intentas descifrar los misterios de tu declaración de impuestos, alguien irrumpiera en la sala gritando: “¡Sorpresa! ¡Estás en ‘Cámara Incógnita’!”? De repente, todos tus problemas se desvanecerían y podrías reírte a carcajadas mientras te abrazan los actores contratados. La verdad es que, aunque suene descabellado, la fantasía de que todo sea una jodida broma nos da un respiro mental.

La realidad (no tan) divertida

Pero volvamos a la Tierra. La vida adulta no es una comedia de situación, aunque a veces tenga momentos dignos de un sketch. No hay guionistas planeando giros inesperados ni un botón de reinicio para empezar de nuevo. Lo que sí hay es la capacidad de elegir cómo reaccionamos ante los desafíos. Quizás no podamos cambiar las circunstancias, pero podemos cambiar nuestra perspectiva.

Encontrando el humor en el caos

En lugar de esperar a que alguien nos revele que todo sea una jodida broma, ¿por qué no convertimos nuestra vida en una comedia? Aprender a reírnos de nuestros errores, encontrar el absurdo en lo cotidiano y no tomarnos demasiado en serio es una forma de supervivencia. Después de todo, si no podemos reírnos de nosotros mismos, ¿de qué nos vamos a reír?

Así que la próxima vez que te enfrentes a un problema, respira hondo y recuerda: tal vez la vida no sea una broma, pero podemos elegir tomárnosla con un poco más de humor.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com