Manía por el tiempo

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Tengo 3 relojes y ninguno está a la hora, bueno, corrijo pues, ninguno de mis 3 relojes está a la misma hora. Definitivamente esto no es una relojería suiza y cada uno de los artefactos que miden el tiempo, mi tiempo, ninguno marca la misma hora, hay un más, menos 5 minutos en mi relojes, por lo que me hace pensar que el tiempo también es relativo, incluso cuando todos aseveran lo opuesto.

Yo creo que podría cargar 5, 7 o 10 relojes y tendría también una diferencia y entré más me encargue de medir el tiempo eficientemente, más me doy cuenta que no es posible; que el tiempo no corre, sino vuela y tratar de detenerlo es imposible, pero eso lo sabemos todos, sin embargo es muy fácil olvidarlo, para intentar atraparlo por lo menos de forma simbólica.

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De hecho el tiempo para mí es un valor extraño, a veces es tan escurridizo y valioso que vivo en función de un exacto cronómetro que lleva mis tiempos, para indicarme que debo hacer en base a este factor, una forma extraña de organización y control fue lo que me llevo a implementar esta estrategia, todo se basa en el tiempo, en los segundos, en lo minutos y por supuesto las horas de mi día, dependiendo de la hora del día, hay algo que debo hacer.

Tanta es mi fascinación por el tiempo y los relojes, que me siento como el Conejo de Alicia en el País de las Maravillas, ese extraño personaje que creo Lewis Carroll un personaje que sólo podía existir en este exótico lugar donde todos estaban locos, nada era lo que parecía y todos tenían una fuerte convicción de las cosas; tal vez de alguna forma entre a un mundo paralelo donde yo soy ese personaje y siempre ando repitiendo “que tarde es” mientras veo mis múltiples relojes, en un intento para que en uno de esos relojes el tiempo sea benevolente conmigo.

Pero saben que es lo que más curioso que me resulta de pensar en el tiempo, me pregunto ¿tarde para qué lo hago?, una cosa es la noción de que sea tarde, no obstante ese, ya hábito adquirido, es innecesario y ambiguo, porque cuando pienso en la vaguedad del tiempo sólo puedo pensar que siempre estaré tarde o siempre estaré temprano, como la visión del vaso, este puede estar medio lleno o medio vacío, dependiendo de cada persona.

Tal vez ya te enrede más en esta discusión sobre el tiempo, yo ya me confundí más de lo que estaba en un principio, pero es que no puedo dejar de ver el hecho que únicamente yo defino el valor de mi tiempo, sin importar que existan convencionalismos sociales como los relojes; ellos no dicen donde tengo que estar yo o que debo hacer, eso es algo que decido yo. Por eso creo que el valor del tiempo radica únicamente en mí.

Ah y bueno, si quede concretamente en hacer algo, en un determinado tiempo con alguien más, como una cita, una junta o llegar al trabajo, es ahí cuando el tiempo cobra valor, pero antes y después, no.

Y todo este loco debate filosófico sobre el valor del tiempo y su medición sucedió con 3 relojes y una maniática que vive en función de ellos, revisando la hora que marca cada uno de ellos para asegurarme que soy su dueña y no al revés.

Por cierto, si se puede tener 3 relojes y que todos marquen una hora diferente, y no por una diferencia milimétrica de segundos, no, todos mis relojes tienen una diferencia de 10 minutos: mi reloj de pulso, el reloj de mi iPhone y el reloj de mi LG, supongo que el más confiable es el iPhone, que es un reloj digital programado por mi operador de servicios telefonicos, a diferencia de los otros dos, que la LG yo le puse la hora hace muchos, muchos años, versus mi reloj de pulso, que su desempeño está restringido a la cuerda de su mecanismo y por supuesto a la pila de cuarzo, que es buen pero no infalible.

Y que reloj guía mi tiempo, a veces los 3, para volverme loca pensando que es 10 minutos tarde, para luego calmarme y ver el iPhone que esta 10 minutos atrasado, pero como no quiero estar en los extremos, entonces miro mi reloj de pulso, que es la media entre el retraso o adelanto de mis otros relojes.

Entonces después de esa locura del tiempo, término pensando: qué más da la hora, llegare cuando tenga que llegar, ni un minuto antes, ni un minuto después.

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