La Ecuación matemática del amor

Cuando uno piensa en amor, lo primero que se viene a la mente son suspiros, mariposas en el estómago, corazones rotos o la melcocha de una película romántica. Pero, ¿números? ¿Fórmulas? Suena a algo que un científico loco o un geek con demasiadas ganas de ordenar el universo se inventaría. Y sí, aunque parezca broma, la idea de una ecuación matemática del amor ha rondado por ahí, intentando descifrar el misterio más grande de la humanidad con reglas que parecen salidas de un problema de álgebra. ¿Será que el cariño, los celos y la pasión se pueden meter en una calculadora y obtener un resultado exacto?

El chismorreo matemático del corazón

Desde siempre, los humanos hemos querido entenderlo todo. Le ponemos nombre a las estrellas, buscamos el sentido de la vida y hasta tratamos de explicar por qué el aguacate está tan caro. No es de extrañar que el amor, ese sentimiento que nos vuelve locos y nos hace hacer cada tontería, también haya sido puesto bajo el microscopio de los números. La idea de que exista una ecuación matemática del amor es tentadora para quienes prefieren la lógica al caos, la certeza a la incertidumbre. Imagínate qué cómodo sería tener una fórmula que te diga si “él es el bueno” o “ella es la indicada” sin tener que pasar por el calvario de las citas y los mensajes sin respuesta.

La búsqueda de la fórmula perfecta

Con todo este rollo de la inteligencia artificial y los algoritmos que predicen hasta si te va a llover, no es raro que la gente haya intentado aplicar este mismo pensamiento al amor. La promesa de una fórmula para el amor eterno, o al menos para una relación duradera, es de esas cosas que, aunque suenen descabelladas, a muchos les pica la curiosidad. Ya no necesitarías ir con la adivina del barrio o seguir los consejos de tu tía. ¡Solo bastaría con meter unos datos y voilà! La ecuación matemática del amor te diría si vale la pena invertir tu tiempo y tu corazón.

Desmenuzando la famosa fórmula L=8+.5Y…

Claro, el internet es un lugar mágico y, como era de esperarse, una de estas “fórmulas” se hizo famosa. Se trata de una ecuación que pretende predecir la duración de una relación. Imagínate la sorpresa cuando se descubrió que no es cualquier cosita, sino un intento por cuantificar hasta el alma de la pareja. Para que te des una idea, la fórmula va más o menos así:

L = 8 + .5Y – .2P + .9Hm + .3Mf + J – .3G – .5(Sm – Sf)2 + I + 1.5C

Donde cada letra es un factor importante, ¡o eso dicen!

  • L: La duración estimada de la relación en años.
  • Y: Los años que se conocían antes de que la cosa se pusiera seria.
  • P: El número total de parejas anteriores que suman ambos.
  • Hm: La importancia que el hombre le da a la honestidad (del 1 al 5).
  • Mf: La importancia que la mujer le da al dinero (¡sí, el dinero!) en la relación (del 1 al 5).
  • J: La importancia que ambos le dan al sentido del humor (sumado, del 1 al 5).
  • G: La importancia que ambos le dan a la apariencia física (sumado, del 1 al 5).
  • Sm y Sf: La importancia que cada uno le da al sexo (del 1 al 5).
  • I: La importancia que le dan a llevarse bien con la familia (sumado, del 1 al 5).
  • C: La importancia que le dan a tener hijos (sumado, del 1 al 5).

¡Y hay hasta una variante si la pareja es del mismo sexo! La verdad, suena a mucho rollo para algo que debería sentirse más que calcularse.

Más allá de los números: ¿Funciona la ecuación matemática del amor?

Aquí es donde uno se rasca la cabeza. Si bien es cierto que factores como la comunicación, la atracción y el momento oportuno sí influyen en una relación, ¿en verdad podemos asignarle un valor numérico a la honestidad o al sentido del humor de alguien? La ciencia busca la objetividad, la repetición y las variables controladas. El amor, por otro lado, es un desorden hermoso, lleno de caprichos, sorpresas y cosas que simplemente no se pueden medir. No creo que el amor eterno se encuentre llenando una tabla de Excel o resolviendo una ecuación matemática del amor.

Es como querer explicar por qué te gusta tu platillo favorito con una fórmula química. Puedes saber los ingredientes y sus proporciones, pero no te dirá por qué ese sabor te remueve recuerdos o te hace sentir feliz. Lo mismo pasa con el corazón. Hay algo en la química entre dos personas, en ese “clic” que se da, que escapa a cualquier algoritmo.

El amor a la vieja usanza

Para muchos, la magia del amor sigue estando en lo inesperado, en las coincidencias, en ese encuentro que no estaba planeado. La vida tiene esas cosas: un día, sin buscarle tres pies al gato, te topas con alguien que te mueve el tapete y que te llena el corazón. Sin estadísticas, sin variables ni porcentajes, simplemente sientes que ahí es. Es un viaje lleno de subidas y bajadas, de risas y, a veces, de alguna lágrima, pero siempre auténtico y vivido.

El amor es una de esas experiencias humanas que nos recuerdan que no todo en la vida se puede cuantificar. Es un sentimiento que se construye día a día, con gestos pequeños, con risas compartidas y con la decisión mutua de querer seguir andando el camino juntos. Así que, aunque la ecuación matemática del amor pueda ser una curiosidad chistosa, la verdad es que el corazón tiene sus propias reglas, y esas no están en ningún libro de matemáticas.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com