Fantasmas: Lo que me seguía en el autobús (historias de miedo)

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**Historias espeluznantes cortesía de Yes, hoy traen la historia de Luis**

Alguna vez has tenido la sensación de que algo te ve, de que algo persistentemente está contigo, una sensación tan fuerte, que podrías jurar que alguien o algo está junto a ti, pues bien, estos últimos meses esa sensación recurrente perseguía a Luis, todos los días, en un principio no era tan obvia esa sensación, más bien era algo esporádico que lo hacía girar la cabeza buscando a sus acompañante misterioso; pero cada que lo hacía, no encontraba a nadie y ese vacío pronto comenzó a causarle miedo, mientras su piel se erizaba, su corazón se aceleraba y un aire frio lo envolvía.

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Bien, al principio todo eso del mundo paranormal y sus tonterías, como le llamaba Luis, era bastante divertido, le daba cierto aire de misterio y las personas se acercaban a él para escuchar con mucha atención esas pequeños cosas, que el percibía, a veces escuchaba y muchas otras tantas veces el veía.

Pero por qué había dado un giro tan completo la vida de Luis, si muchos creemos que tener acceso al mundo paranormal es algo que se hereda, o incluso hay quienes por una experiencia de muerte tienen contacto con esos ecos y energías; sin embargo ciertamente la vida de Luis era bastante promedio, nunca tuvo nada que ver con fantasmas o tías videntes, simplemente era un chico normal, alguien como tú o yo, que todos los días iba a trabajar y regresaba a casa para cuidar a su madre.

La vida de Luis era de hecho, bastante rutinaria, un joven de 24 años que recién había terminado la carrera de contabilidad, porque su madre a regañadientes le obligo a hacerlo, tienes que hacer algo de tu vida decía repetidamente desde que salía de la preparatoria. Pero Luis tenía grandes planes para su vida, viajar y conocer el mundo, ser un gran fotógrafo, instalarse en NY, vivir en un loft, tener un labrador negro y todos los días desayunar un bagel con salmón, acompañado de un café negro bien cargado, todos los días de su vida, para hacer de esa una rutina y por la tarde llamarle a su mamá, como ella lo había acostumbrado para contarle que había visto en Central Park y que por fin había conocido al amor de su vida.

Eso era lo que Luis quería de su vida, pero la vida le dio otra cosa, un padre ausente que se fue cuando él era pequeño, una madre controladora que centro todas sus energías en su hijo, un niño que de pequeño era bastante flaco, de hecho, ese era el apodo de Luis en la cuadra, “el flaco”, que original pensaba Luis cada que alguien le decía así.
Conforme pasaban los años el tiempo cobro su factura y una vida ruda y dura, le hizo el semblanta más serio, su carácter más refunfuñón, pero lo único que conservo de sus días en la niñez fue esa extremada delgadez, su piel morena y su pelo chino.

Pensaba el que no estaba tan mal y además, podía ser simpático si la situación lo ameritaba, pero en pocas palabras Luis, Luis no era nada especial, uno de muchos, uno más del montón le gritaba su mamá.

Así pasaban los días de Luis, sin pena, ni gloria, nada digno de presumirse, hasta que una tarde todo cambio, si bien al principio le parecía muy divertido su encuentro con el más allá, poco a poco comenzó a cambiar de idea y descubrir de frente el rostro del horror.

Pero no me quiero adelantar mucho en esta historia, la historia de Luis y lo que le seguía en el autobús de su trabajo a su casa y de casa al trabajo.

Cuando esto empezó, Luis pensó, genial en un tono sarcástico, lo que me faltaba ahora me acosan fantasmas, porque siempre sucedían cosas raras en su pequeña oficina; un trabajo que recibió porque su mamá había acosado hasta el cansancio a uno de sus primos, hasta que el primo Everardo cedió y le dio a Luis, el pequeño Luis el trabajo de contabilidad de su depósito de llantas.

Un lugar bastante común se repetía Luis, si no fuera porque es una gran bodega oscura, sin ventilación, sin ventanas, sin gente y sin vida, ese sería un lugar bastante común; pero al menos no tenía que estar en la bodega, con ese inmensa mar de hule oloroso, con el tiempo, llego a despreciarlo.

Por lo menos no tenía que estar ahí, porque decían los que trabajan ahí que el sitio estaba maldito y que no solo eran fantasmas, sino que eran espantos errantes, que querían robarte tu alma.
Patrañas decía Luis, ese es el cliché de todas las historias de fantasmas, en las que de forma genérica se meten duendes, demonios, espectros y apariciones y todos ellos quieren una única cosa, poseer tu alma. Eso le provoca una risa a Luis, mientras que todos los que escuchaban, le insistían no meterse con el mundo de lo espiritual, pero Luis siempre pensó que había que tenerle más miedo a los vivos, que a los muertos, así que nunca reparaba en burlarse hasta el cansancio.

Sin embargo, él no se atrevía a estar solo en la bodega, porque sentir esas corrientes de aire, en un lugar cerrado y apodado por muchos como el horno, eso le parecía espeluznante. Esa era la razón por la cual nunca salía de su pequeña oficina, ni siquiera para platicar con Lupita, la alegre secretaria que siempre quiso algo más con Luis, pero ni siquiera eso animaba a Luis a sacar la cabeza de los libros, ni siquiera la idea recurrente de que el no pertenecía ahí, de que su vida eran las fotografías, el miedo que quería negar con risas, ese miedo evitaba que Luis pusiera un paso fuera de ese lugar.

Lo que él no sabía, es que ese espectro ya estaba invitado en su oficina y tenía mucho tiempo con él, sentado en frente de su escritorio, mirando implacablemente, buscando eso que tanto anhelan los del mundo paranormal.

Así que todo empezó primero como puertas que se abrían, el monitor se apaga, a veces escuchaba una música alegre, de esas que se oyen en tabernas, a veces escuchaba como si alguien desde lejos le gritará, las llaves se perdían o su oficina se convertía en un congelador, todas esas historias lo hicieron popular, mientras que los choferes, la secretaria y las personas de bodega escuchan esas historias que daban miedo y afirmaban que Luis era muy valiente.

Esa atención le gustaba mucho a Luis, incluso, llego a contarle a su mamá quien inmediatamente palideció y comenzó a echarle agua bendita mientras rezaba sin parar, eso comenzó a asustar mucho a Luis, pero lo negó y se fue con cara de molesto y haciendo rabietas a su cuarto, pero justo cuando llego la puerta se azoto sola, dejando encerrado a Luis, mientras el buscaba explicaciones lógicas que nunca encontraba.

A la mañana siguiente después de hacer su rutina para ir al trabajo, sintió de forma clara como alguien tocaba su hombro mientras le susurraba algo inentendible en el oído, eso dejo pasmado a Luis y con un semblante por completo en blanco pálido y con los labios sin color, mientras se dirigía al autobús la sensación de que alguien lo acompañaba le provocaba terror y lo distraía de todo, hasta que un claxon lo hizo reaccionar y subirse a la banqueta, mientras un hombre le gritaba “estúpido”.

Mientras iba caminando por la calle, un sujeto llamo su atención, una persona de apariencia humilde, con vestimentas muy sencillas, vestido todo de blanco lo hizo mirar a verlo, pero cuando puso atención, se dio cuenta que en ese mar de personas que todas caminaban como hormigas en fila trabajando, cuando miro el rostro de ese hombre moreno y vio en sus ojos un color amarillo, en todo la zona del ojo y por iris un color intensamente rojo, como si fuera fuego, el miedo que sintió lo hizo mirar al piso, mientras pensaba si yo lo veo, el me ve a mí.

El hecho de ver esas cosas y tener la conciencia de que él era visible en el radar de ellos, lo hizo sentir un pánico que no se comparaba con el día anterior. Así que rápidamente se subió al autobús y trato con todas sus fuerzas dejar de pensar en fantasmas y en esas cosas, cuanto más intentaba olvidarlo, más fuerte era esa idea.

Pero algo lo saco de su abstracción y fue un niño pequeño, que sentado dos filas delante de él, no paraba de mirarlo, de primera instancia Luis sonrió y se olvidó por un momento de sus problemas, pero enseguida el niño comenzó a ver el asiento vacío que estaba junto a él, como si estuviera viendo a alguien, algo que le provocaba miedo y lo hacía hacer una cara de asombro.

En ese momento Luis lo supo, el fantasma o aquello que lo siguiera a todos lados, siempre estaría con él, jugando con su mente y susurrándole cosas que nadie debería escuchar.

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