De Hall a Walt en un solo paso: Bryan Cranston

Hay actores que se nos quedan guardados en el corazón por un personaje que nos hizo reír a carcajadas. Y luego están los que, de pronto, nos voltean la tortilla y nos demuestran que pueden ser el villano más temido de la tele. Ese es el caso de Bryan Cranston, un verdadero camaleón de la actuación que logró la proeza de pasar de ser el papá más despistado y simpático en Malcolm el de en medio a convertirse en el temible y complejo Walter White en Breaking Bad. Es un salto que muy pocos han logrado con tanta maestría, dejándonos a todos con la boca abierta y la pregunta de: “¿Cómo es que es la misma persona?”. Es como si de un día para otro tu amigo buena onda se transformara en el personaje más rudo de tu barrio, pero con la misma cara.

Hal, el héroe de la casa que se resbalaba con la cera

Durante siete temporadas, antes de que el mundo se tiñera de azul por la meta, Bryan Cranston nos hizo morir de risa con Hal. En Malcolm el de en medio, era el padre de familia que, a pesar de sus mejores intenciones, siempre terminaba metido en líos o causando un desastre épico. ¿Quién podría olvidar sus patines de velocidad, su obsesión por el boliche o su eterna lucha contra su propia flojera? Hal era el tipo de papá que todos queríamos tener, con sus arranques de locura, pero con un corazón de oro para Lois y sus hijos. Cranston le imprimió una chispa única, una maestría en la comedia física y en las expresiones que lo hacían el rey de la carcajada. Su Hal era la personificación de:

  • El papá que intentaba ser cool.
  • El marido que le tenía pánico a su esposa.
  • El adulto con alma de niño. Su capacidad para hacernos reír con sus neurosis y sus planes más descabellados fue lo que lo convirtió en un icono de la com comedia familiar, y por eso, muchos lo amábamos.

La metamorfosis de Bryan Cranston: adiós risas, hola miedo

Justo cuando pensábamos que teníamos a Bryan Cranston encasillado en el papel de cómico, llegó la sorpresa. De repente, aquel papá chistoso se quitó la capa de Hal y se puso el gabán de un profesor de química aburrido, Walter White, que al recibir un diagnóstico de cáncer, decide darle un giro de 180 grados a su vida. La gente no lo podía creer; de un día para otro, el que nos sacaba carcajadas, ahora nos ponía los pelos de punta como un narcotraficante astuto y sin escrúpulos. Fue un cambio no solo de género televisivo, sino de personalidad actoral. Cranston nos demostró que su talento no tenía límites y que podía explorar la parte más oscura de la psique humana con una credibilidad que te helaba la sangre. Fue una apuesta muy arriesgada que se convirtió en una joya de la televisión y redefinió lo que una serie dramática podía lograr.

Walter White: el viaje del buenazo al mandamás del cristal

La transformación de Walter White es de esas que se estudian en las escuelas de actuación y de guionismo. Y el mérito, en gran parte, es de Bryan Cranston. Ver cómo un hombre, que al principio nos daba pena, se va desintegrando moralmente hasta convertirse en el implacable Heisenberg, es un espectáculo para no perderse. Cranston no solo interpretó a un personaje; él se volvió el personaje, creando una leyenda. Lo impresionante de su actuación es que, a pesar de todas las atrocidades que comete Walt, en algún rincón de nuestra mente lo entendemos, o al menos entendemos el camino que lo llevó hasta ahí. Cranston logra transmitir esa evolución de un hombre desesperado a un monstruo, con cada gesto, cada mirada, cada palabra que salía de su boca. Es una muestra perfecta de cómo la oscuridad puede residir en la persona más insospechada.

El don de la reinvención en Bryan Cranston

Lo que hizo Bryan Cranston al dar este salto del bonachón Hal al despiadado Walter White va más allá de un simple cambio de papeles; es una lección magistral de cómo reinventarse en el mundo del espectáculo. Nos enseñó que un actor no debe quedarse estancado en un solo tipo de rol y que la versatilidad es una habilidad invaluable. Su capacidad para ser tan convincente en papeles que son polos opuestos lo ha consolidado como uno de los grandes actores de nuestra época. Es un buen recordatorio de que, a veces, la verdadera magia en el cine y la televisión no está en los efectos especiales o en presupuestos millonarios, sino en el talento puro de una persona para hacernos creer que es alguien completamente diferente. Y en eso, Cranston es un auténtico mago de la interpretación. Su legado es una prueba de que el talento no tiene género ni límites, solo las ganas de explorar cada rincón de la condición humana, ya sea para hacernos reír a carcajadas o para que nos cubramos los ojos de miedo.

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