Contaminación de la Ciudad de México

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Adoro esta ciudad, es más, muchas de mis expresiones más clásicas de amor por esta ciudad colorida, multifacética, extraña y rara ciudad es que tengo el smog en las venas; y seguro con los niveles de contaminación para muchos capitalinos esa es una desgraciada realidad de salud, ya está dejando de ser metafórica esa afirmación y la contaminación de esta ciudad está haciendo estragos.

Se acuerdan hace un par de décadas cuando empezaba la buena onda con el planeta y el reciclaje, que para muchos era onda hippie o en la actualidad cosas que hacen los hípsters, pues ¿Qué creen?, ya es una realidad imperativa la constante contaminación y el hecho que tenemos que hacer algo, algo que mejore no solo el planeta sino nuestra calidad de vida.

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Así como quieren que uno salga a correr para cumplir con el eterno propósito de bajar de peso, como quieren que uno salga a correr con el efecto invernadero al máximo, ¿cómo?

Viendo este tipo de imágenes hacen más lógica los mensajes que en su tiempo clasificamos de alarmistas cuando se hablaba del medio ambiente y todas esas cosas que le hemos hecho. Y el otro día mientras iba caminando, de hecho, me dirigía a hacer ejercicio, me puse a pensar en la calidad del aire y que bajo esas condiciones no deberíamos hacer ejercicio, es más, ni salir o hacerlo con máscaras de oxígeno para no ser presas del efecto invernadero; pero luego me acorde que así siempre está la ciudad y que no puedo vivir en mi burbuja de aire y entonces se me paso.

Eso es lo que siempre nos pasa, a mí, a ti y a todos, en el tiempo que quieras conjugarlos, justo cuando estamos ante la presencia de un gran problema inevitable ahora, pero que pudimos evitar hace unas décadas, nos encojemos de hombros y seguimos como si nada, ¿Qué podemos hacer?, una pequeña acción no cambia el mundo o eso nos repetimos para olvidar el problema.

Eso está mal, dejar que las cosas malas, las cosas que nos molestas, no hacer esas pequeñas acciones porque no hacen una diferencia, eso está mal, claro, ahorita el problema es inmenso, pero si nunca empezamos a hacer algo, el problema seguirá y seguirá hasta que sus proporciones sean épicas; pero incluso cuando este en ese tamaño, siempre se puede hacer algo, siempre.

Digo, pensar en un mundo como el que pintan en la película Wall-e en donde todos nos vamos de crucero espacial, para mí no es opción, creo que soy ingenuamente optimista y creo que se puede hacer algo siempre, como lo hizo Wall-e, siempre hay pequeñas acciones que pueden cambiar al mundo.

Y la única forma de hacerlo es comenzar hoy, comenzar con nosotros mismos y hacer que nuestras acciones cuenten y hagan que los demás se unan a ese cambio.

Solía tener un amigo que era hasta cierto punto optimista, pero siempre que se le presentaban malas noticias, el sufrimiento del mundo, información sobre contaminación, injusticias y otras barbaries que ya son normales en nuestra sociedad, el prefería no saberlo, esperando que esa desinformación lo dejará vivir; pero ¿qué creen?, cerrar los ojos al dolor de este mundo, el ser indiferente a esos reclamos de justicia, eso es lo peor que podemos hacer.

No solo se trata de hacernos menos con problemas de contaminación, se trata de hacernos mensos con todo lo malo. Cuando pienso en ello, siempre pienso en la historia de Buda y como en el afán protector de su padre, este le oculto lo malo del mundo como las enfermedades, la vejez, la tristeza, la pobreza y todas esas cosas, ¿Qué haces cuando tu bella realidad hace shock con la dura realidad de todos?, ¿sigues ignorándola y siendo indiferente?, ¿o intentarás cambiar al mundo?

Estoy muy lejana de esa claridad que tenía Buda, pero por lo menos yo intento hacer la diferencia.

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