Contaminación de la Ciudad de México
Vivir en esta selva de asfalto es deporte extremo desde que te despiertas y abres la ventana para ver ese color grisáceo que ya es parte del paisaje diario. Muchos de nosotros decimos, casi con orgullo, que tenemos el smog corriendo por las venas, pero la realidad es que la Contaminación de la Ciudad de México ya dejó de ser una frase chistosa para convertirse en un reto de salud para todos los que habitamos aquí. Es increíble cómo nos hemos acostumbrado a salir a la calle y sentir ese picor en la garganta como si fuera lo más normal del mundo. A veces parece que los pulmones de los que vivimos aquí ya mutaron y ahora funcionan a base de partículas suspendidas y el humo de los camiones que te echan todo el hollín en la cara mientras esperas el transporte.
Vivir con la contaminación de la CDMX en los pulmones
La onda de querer ser saludable y ponerse fit en esta urbe está bien complicada cuando el índice de calidad del aire está por las nubes. Uno sale con toda la actitud de cumplir sus propósitos de año nuevo, se pone los tenis más chidos y, apenas das la primera vuelta a la manzana, sientes que te acabas de fumar tres cajetillas de cigarros sin filtro. La Contaminación de la Ciudad de México hace que el efecto invernadero se sienta como si estuviéramos dentro de una vaporera gigante, y a eso súmale la altura, que te deja sin aliento apenas subes tres escalones. Es una combinación mortal para cualquiera que intente hacer ejercicio al aire libre; básicamente, intentar correr en un día de contingencia es como querer nadar en una alberca llena de gelatina, simplemente no avanzas y terminas más cansado de lo normal.
A pesar de que las autoridades nos digan que no salgamos o que usemos protección, la verdad es que la mayoría seguimos con nuestra vida como si nada pasara porque no podemos vivir en una burbuja de aire puro. Nos encogemos de hombros ante la Contaminación de la Ciudad de México y seguimos comiendo nuestros tacos en el puesto de la esquina, aunque sepamos que el aire que respiramos está más pesado que una torta de tamal. Esta indiferencia es lo que nos ha traído hasta aquí, porque hace décadas pensábamos que los mensajes sobre el medio ambiente eran exageraciones de gente exagerada, y ahora estamos pagando las consecuencias de no haber hecho pequeños cambios cuando todavía había tiempo de sobra.
Si queremos ver un cambio de verdad, no podemos quedarnos esperando a que un milagro limpie el cielo por nosotros. A veces me acuerdo de películas donde el planeta queda todo destruido y la gente se tiene que ir a vivir al espacio, y la neta, esa idea no me late nada porque prefiero mil veces quedarme aquí a intentar arreglar el desorden que armamos. Hay muchas cosas que podemos hacer para bajarle a la Contaminación de la Ciudad de México, desde usar menos el coche hasta dejar de tirar basura como si la calle fuera un vertedero infinito. Aquí te paso unos puntos clave para que no te hagas el desentendido:
- Usa el transporte público o la bici: Aunque a veces el metro venga hasta el tope, es mejor que meter más coches al tráfico eterno de las avenidas principales.
- No ignores las contingencias: Si dicen que no hagas ejercicio afuera, hazle caso; tus pulmones te lo van a agradecer cuando seas mayor.
- Acciones pequeñas, cambios grandes: Separar la basura o no usar aerosoles parece poca cosa, pero si todos lo hacemos, el cielo podría volver a ser azul de vez en cuando.
- Infórmate y actúa: No cierres los ojos ante los niveles de ozono; estar enterado es el primer paso para dejar de ser parte del problema.
Sería muy fácil hacernos los desentendidos y seguir en nuestra burbuja de desinformación, pero eso solo empeora las cosas para todos. A veces parece que preferimos no saber qué tan mal está el aire para poder vivir tranquilos, pero esa tranquilidad es falsa y nos está pasando factura en la salud. Así como el pequeño robot de la película que juntaba basura sin rendirse, nosotros también podemos empezar con acciones que parecen insignificantes pero que, sumadas, pueden limpiar este horizonte gris. No se trata solo de quejarse por el calor o por lo feo que se ve el smog desde los edificios altos, se trata de tomar la iniciativa y entender que esta es nuestra casa y nadie más la va a cuidar por nosotros.
Quedarnos callados o ser indiferentes ante lo que está pasando con el clima es lo peor que podemos hacer como sociedad. A veces la realidad nos da un golpe muy fuerte cuando nos damos cuenta de que el mundo idílico que nos pintaban no existe si no trabajamos por él. Aunque yo no tenga todas las respuestas ni una claridad espiritual suprema, intento que cada paso que doy cuente para que, en el futuro, los morros que vienen detrás de nosotros puedan respirar sin sentir que se están tragando una nube de polvo. Al final, lo que cuenta es la voluntad de no rendirse ante un problema que parece gigante, demostrando que todavía hay esperanza si nos ponemos las pilas hoy mismo.
