Ser amables con quien no debemos

Ahora que dije en voz alta eso, como que me cae el veinte de algo, deberíamos ser amables con todos, y no de modo selectivo; ahora que proceso esa idea, me cae el veinte de que no deberíamos tener razones para ser amables o hasta ayudar a los demás y deberíamos hacerlo por modo default, eso es lo que todos deberíamos aspirar a hacer todos los días, eso es lo que nos debería inspirar y aquella razón que nos mueve y nos motiva.

Pero eso solo sucede en el mundo ideal de los sueños, o el mundo de las teorías, porque en la práctica dejamos nuestro buen humor, nuestra paciencia, nuestras sonrisas y nuestro mejor lado para algunas personas, de tal manera que selectivamente, de forma consciente o no, solo somos amables con algunas personas, cuando deberíamos serlo con todo el mundo; pero parece ser que hoy en día eso es tan raro, que solo se ve en comunidades muy alejadas de la tierra y muy cercanas al cielo, onda los tibetanos, la gente pacífica de Machu Pichu y ondas de esas.

Tal vez esta falta de amabilidad crónica tenga alguna relación con las ciudades modernas y el estrés; alguna interrelación tienen, que las personas que vivimos “muy civilizadas”, nos hemos vuelto insensibles, nada civilizadas, poco tolerantes y nada amables.

Pero eso es relativo, porque me he dado cuenta de algo que asusta y es que somos Ser amables con quien no debemos.

Aunque por cierto, paréntesis, en las grandes ciudades hay algo que rompe la regla, la excepción y hay algunos culeros que no son amables con nadie, absolutamente nadie.

Pero de ahí en fuera de forma general todos tenemos una cara amable para algunos y para otros dejamos nuestro lado más rudo, menos sensible y más grosero; porque somos amables con quien no debemos.

Y lo que quiero decir con ello es que solemos ser amables, tranquilos y respetuosos con las personas de la calle, con los conocidos del trabajo o la escuela, de tal manera que para ellos, a los que no les importamos más que un pepino, todo nuestro bueno humor, buenas caras, risas y amabilidad son para ellos y cuando llegamos a casa, toda nuestra impaciencia y malas caras es para nuestra familia y/o seres queridos.

¿Te has dado cuenta de eso?

Es muy loco, cuando lo analizas con perspectiva y cuando ves que te comportas extraordinariamente cándido/a con algún conocido y llegas a casa a gritarle a tu pareja, a contestarle mal a tu hermano o hacerle caras a tus papas, eso suena muy loco.

Claro, en la práctica no nos damos cuenta que tratamos peor que la basura a nuestros seres queridos y de forma irónica somos todo un amor con las personas a las cuales les valemos verga.

¿Por qué hacemos eso?, porque tratamos bien a los que no les importamos nada y tratamos mal a aquellos quienes nos estiman y nos quieren; porque tenemos que dar nuestra paciencia a aquellos que menos deberían tenerla, partiendo del hecho de que la amabilidad es finita.

Mi punto es, porque no tratamos con el mismo amor y educación a aquellos que nos importan, porque no los tratamos mejor que al resto.

¿Por qué?

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Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com

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