Alguna vez has sucumbido frente al enemigo

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Uno de los libros que más me impacto en mi adolescencia fue 1984, una de las obras más famosas, polémicas y difundidas de todos los tiempos. Una novela escrita por George Orwell en el año de 1949; una historia de ciencia ficción que revelaba como un presagio macabro, casi como una profecía del futuro lo que le espera a las sociedades del mañana.

Si bien debo confesar que leí el libro porque en esos años comenzaba el furor del tv show mexicano “Big Brother”, esta interesante novela me dejo pensando en muchas cosas, que el día de hoy sigo viendo, como la hora del odio; pero más allá del análisis de las cosas que hacemos como sociedad en la actualidd, “1984” me dejo pensando en el carácter humano, y es que Orwell pudo articular de manera casi poética muchas de las cosas que hacemos, como sucumbir al enemigo; pero no únicamente sucumbir, sino realmente llegar a amar al enemigo.

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Bien, no quiero arruinar el libro con spoilers a los que todavía no lo han leído, pero vamos, si a estas alturas de la vida no han leído 1984, ni siquiera por el Big Brother, dudo que lo hagan en un futuro. Que por cierto, el Gran Hermano que planteo Orwell no era una casa vigilada las 24 hrs del día para nuestro entretenimiento personal; sino más bien una sociedad totalmente vigilada y monitorizada por sus gobernantes y desde la estructura central de la sociedad, la familia, ese monitoreo comenzaba con tus hermanos o padres cuando sospechaban que pensabas diferente.

Porque en esa sociedad nadie tenía permitido pensar diferente, nadie tenía permitido cuestionar las cosas y todos ser reunían juntos, durante una hora para odiar a alguien en común y todos juntos hacer en una bola de emociones todas esas frustraciones de la vida. Frustraciones que culminaban con la policía del pensamiento; personas encargadas de saber que estabas pensando y obligarte a pensar lo que ellos querían.

Y si lo piensas, como tal en la actualidad no tenemos este tipo de policías, que acechen nuestros pensamientos; pero esa es la tendencia. De hecho pensar diferente y cuestionar abiertamente que alguien quiera monitorear tus pensamientos, bajo la política del Gran Hermano, ese ya sería un motivo suficiente para encarcelarme y convencerme de pensar como ellos quieren que yo piense.

Lo sé, todo eso es maquiavélico, suprimir el espíritu y la capacidad de decidir para seguir ordenes; siempre me ha parecido maquiavélico y diabólico; pero esa es la tendencia y esto viene de todos lados, en todos los lugares nos bombardean para que nosotros pensemos como ciertas personas quieren que pensemos.

Pero seguro te estas preguntando, todo eso suena interesante, pero que carajos tiene que ver con: Alguna vez has sucumbido frente al enemigo

Ok, calma, voy al punto.

Al final del libro, justo cuando habían descubierto al protagonista pensando de forma radical, justo cuando ya tenían todos los argumentos para hacerlo sufrir y torturarlo por traicionar con ideas. No pasó nada y al contrario, mucho tiempo, creo que fueron años, no recuerdo, comenzaron a adoctrinar a Winston Smith, para hacerlo pensar de acuerdo a los esquemas del Gran Hermano.

Y no fue hasta que llego a amar en un grado muy profundo al Gran Hermano, después de toda esa doctrina, fue cuando sucumbió al enemigo, que la tortura comenzó.

Bien, suena extremo, pero a mí eso me dejo impactada y el verdadero terror comenzó, cuando Winston sucumbió mentalmente al enemigo.

Siempre pensé que era muy difícil que eso pasará, y que se requeriría una especie de tortura como la que pasaron en Naranja Mecánica, y para creer que una idea o ideología opuesta a ti, era buena, tenían que hacerte pasar por un proceso psicológico traumático, algo así como los secuestrados cuando sufren del Síndrome de Estocolmo; tal vez este mal de mi parte esta comparación, pero es una analogía que me permite demostrar el shock que debe pasar una persona para sucumbir frente al enemigo.

Y hablo de sucumbir en un sentido de rendición total psicológica y espiritual.

Nunca pensé que podría ser algo natural, un proceso lógico con el paso del tiempo; pero debo decir que si se puede, y el tiempo, además de estar envuelto en la ideología que alguien quiere que creas, finalmente llega un día en la que la aceptas.

Aclaro, nunca han matado mi ideología, pero recientemente acabo de descubrir que algo que me disgustaba muchísimo, resulta que hoy en día es algo de mi día que me hace muy feliz; supongo que he sucumbido frente al enemigo, solo espero que no comience la tortura.

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