El arte de perder las cosas

¿Alguna vez te has sentido como un mago profesional pero al revés? De esos que en lugar de sacar conejos del sombrero, hacen desaparecer las llaves justo cuando ya van tarde a la chamba. No es que seas distraído, es que simplemente has perfeccionado una técnica que pocos entienden. Hay personas que nacen con un don para encontrar tesoros y otras que parecen tener un hoyo negro personal en el bolsillo del pantalón. Es esa sensación de dejar el celular en la mesa, dar una vuelta para buscar un vaso de agua y, al regresar, encontrarte con que el aparato ha decidido iniciar una nueva vida en una dimensión desconocida. Dominar el arte de perder las cosas requiere una mezcla extraña de confianza ciega y una memoria que decide irse de vacaciones en los momentos menos oportunos.

La ciencia tiene una explicación bastante lógica para esto, aunque a veces preferiríamos que fuera algo más místico o un complot de los objetos inanimados. Cuando estamos enfocados en mil pendientes, el cerebro entra en una especie de piloto automático que nos hace soltar los objetos en los lugares más absurdos. Es por eso que terminas encontrando el control remoto adentro del refrigerador o la cartera en la canasta de la ropa sucia. No es que tu cabeza esté fallando, es que tu sistema de atención está tan ocupado pensando en qué vas a comer o en el chisme que te contaron ayer, que simplemente no registra el lugar exacto donde soltaste la carga. Es un fenómeno que nos pasa a todos y que nos quita tiempo, pero nos regala anécdotas muy buenas.

El arte de perder las cosas como estilo de vida

Vivir bajo esta premisa significa que tu casa es un mapa del tesoro pero sin las marcas que te digan dónde excavar. Te acostumbras a que los objetos sean nómadas y prefieran vivir en cualquier lugar menos en su sitio original. Los expertos en este tema saben que no se trata de descuido, sino de una forma de mantener la vida emocionante; nada te da tanta adrenalina como buscar la identificación oficial cinco minutos antes de entrar a un trámite importante. Para muchos, el arte de perder las cosas es una actividad diaria que incluye situaciones que parecen sacadas de una comedia:

  • Olvidar dónde estacionaste el coche y caminar por todo el estacionamiento activando la alarma para ver si por fin canta.
  • Perder un calcetín en la lavadora y aceptar que ahora el otro será un huérfano que vivirá en el fondo del cajón para siempre.
  • Traer los lentes puestos en la cabeza mientras le preguntas a medio mundo si de pura casualidad los han visto.
  • Guardar una lana para una emergencia y que esa emergencia sea encontrarla tres años después en una chamarra que ya ni te queda.

Entrar en este estado de caos organizado también tiene sus ventajas, aunque a veces cueste trabajo verlas cuando vas retrasado. Quienes dominan el arte de perder las cosas desarrollan una paciencia de santo y una capacidad de improvisación envidiable. Si pierdes la pluma, aprendes a usar el lápiz labial o lo que sea que pinte; si pierdes el paraguas, te vuelves un experto en correr entre las gotas de lluvia. Se trata de aceptar que los objetos tienen voluntad propia y que, a veces, simplemente se cansan de estar con nosotros. No hay que tomárselo tan en serio, porque lo más probable es que ese encendedor o ese recibo aparezcan justo cuando ya sacaste el duplicado o compraste uno nuevo.

La verdadera maestría llega cuando dejas de enojarte y empiezas a disfrutar del misterio que rodea a tus pertenencias. Total, si la vida fuera perfecta y siempre supiéramos dónde dejamos cada cosa, nos sobrarían como veinte minutos al día en los que no sabríamos qué hacer con tanto tiempo libre. Es mejor reírse del drama y entender que, en este desorden, siempre hay una historia que contar. Mañana seguramente perderás algo más, pero al menos ya sabes que eres un artista en toda la extensión de la palabra y que tu talento para el despiste es, en realidad, una forma muy auténtica de transitar por este mundo sin tantas preocupaciones rígidas.

Sentir que la vida es un constante juego de escondidillas con tus propias pertenencias es una señal de que estás viviendo el presente, aunque sea de forma un poco caótica. Aprovecha esos momentos de búsqueda para ordenar un poco o para encontrar cosas que ya habías dado por perdidas hace meses. Verás que un buen día te despertarás y, aunque sigas perdiendo el encendedor, ya no te vas a estresar tanto. Es parte del proceso de ser alguien que no se clava con lo material y que entiende que el arte de perder las cosas es solo una prueba más de que la vida siempre tiene una sorpresa guardada bajo la manga o, mejor dicho, perdida debajo del sillón.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com