Reseña de Amigos con Derechos (No Strings Attached)

Amigos con Derechos

La idea de aventarse un compromiso de a solas, sin rollos sentimentales ni dramas que te quiten el sueño, suena como el plan perfecto para muchos. Justo ahí es donde Amigos con derechos entra al juego con una propuesta que mezcla las risas con esos momentos donde la realidad te da un golpe de honestidad. La historia nos presenta a Emma y Adam, dos chavos que, hartos de las complicaciones típicas de los noviazgos, deciden armar un trato donde la única regla es que no hay reglas, o al menos eso creen ellos. El asunto se pone bueno cuando lo que empezó como una solución práctica para evitar la soledad termina convirtiéndose en un verdadero relajo emocional que ninguno de los dos vio venir.

Cuando los protagonistas, interpretados por Natalie Portman y Ashton Kutcher, acuerdan este pacto, lo hacen convencidos de que tienen todo bajo control. Ella es una doctora súper movida que no tiene tiempo ni ganas de lidiar con las cursilerías de una pareja formal, mientras que él es un tipo más relajado que trabaja en tele y solo quiere pasarla chido. La dinámica de Amigos con derechos se basa en prohibir los celos, las cenas románticas y, sobre todo, cualquier confesión que suene a amor. Sin embargo, en el cine y en la vida, intentar ponerle candado al corazón es como querer tapar el sol con un dedo; tarde o temprano, la convivencia y la buena química hacen que las barreras se caigan y que el plan original se vaya directo a la basura.

La película funciona muy bien porque no se anda con rodeos y nos muestra situaciones con las que cualquiera se puede identificar, especialmente en esos momentos incómodos donde un mensaje de texto de más o una mirada diferente lo cambian todo. Portman se luce con un personaje que se hace la fuerte pero que en el fondo tiene sus miedos bien guardados, y Kutcher le da ese toque de carisma de alguien que, aunque intenta hacerse el desapegado, no puede evitar ser un buen tipo. Ver cómo Amigos con derechos explora esa zona gris donde ya no son solo cuates pero tampoco son novios oficiales es lo que mantiene la atención de principio a fin, logrando que nos cuestionemos si realmente se puede separar el contacto físico de la conexión emocional sin salir raspado en el intento.

Al final del día, esta cinta no es solo para pasar el rato riéndose de los enredos de los protagonistas; también nos pone a pensar en cómo nos relacionamos hoy en día y en ese pavor que a veces le tenemos al compromiso. Entre chiste y chiste, Amigos con derechos nos recuerda que las mejores conexiones suelen ser las que no estaban en el guion de nuestra vida y que, por más que intentemos ser modernos y prácticos, los sentimientos no piden permiso para entrar. Si buscas una historia que tenga buena vibra, que sea entretenida y que te deje analizando tus propios acuerdos sentimentales, esta película es una opción ganadora para armar el plan de fin de semana.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com