Por qué nos enfocamos solo en recordar lo bueno
¿Te ha pasado que estás lavando los trastes un martes por la tarde y de la nada te llega un suspiro enorme por tu ex, por esa amistad que terminó en pleito o hasta por aquel trabajo donde te pagaban con rebanadas de pizza? Es un clásico de nuestra mente traicionera. De pronto, el cerebro borra los gritos, las deudas y los vistos clavados, dejándonos únicamente con la versión editada y perfecta de la historia. Esta maña mental de recordar lo bueno tiene una explicación fascinante que nos empuja a dudar de nuestras mejores decisiones, haciéndonos creer, de forma bastante ilusa, que tal vez soltar ese vínculo tóxico no fue la opción más brillante que pudimos tomar.
La trampa de la mente al recordar lo bueno
Resulta que nuestro cerebro funciona como un editor de video bastante optimista. Cuando el tiempo pasa, la intensidad de las emociones negativas tiende a desvanecerse muchísimo más rápido que la de las positivas. A este fenómeno psicológico se le conoce como el sesgo de desvanecimiento del afecto. Básicamente, la cabeza nos protege del estrés crónico bajándole el volumen a los recuerdos donde lloramos de coraje o donde nos dejaron plantados bajo la lluvia. Al recordar lo bueno, sentimos una especie de consuelo temporal, una nostalgia engañosa que pinta de color rosa situaciones que, en su momento exacto, nos tenían al borde del colapso nervioso y pidiendo consejos a todos nuestros conocidos.
El filtro de la nostalgia en amores, amigos y hasta en la oficina
Piénsalo un segundo con la cabeza fría. Cuando extrañas a tu ex pareja, casi nunca te acuerdas de las peleas a las tres de la mañana por celos infundados; tu mente prefiere reproducir en bucle esa única vez que te llevó serenata o te preparó el desayuno. Lo mismo pasa con las amistades que ya caducaron. Olvidamos convenientemente que esa persona siempre nos dejaba la cuenta a nosotros al salir a cenar o que nunca estaba presente en los momentos realmente difíciles. Incluso en el ámbito laboral pasa esta magia de la amnesia selectiva, donde la mente decide borrar los momentos de estrés extremo para quedarse solo con las risas.
- El amor romantizado: Extrañas las idas al cine de los domingos, pero omites el pequeño detalle de que siempre llegaba tarde, de mal humor y sin ganas de platicar.
- El colega entrañable: Te acuerdas con cariño de los chismes jugosos en los pasillos, borrando por completo la parte donde misteriosamente se robaba tu comida del refrigerador compartido.
- El amigo inseparable: Sientes una profunda melancolía por las fiestas increíbles a las que iban, ignorando rotundamente que solía hablar mal de ti a tus espaldas en cuanto te dabas la vuelta.
Cortar lazos casi siempre es un acto de valentía y de pura supervivencia emocional. Es completamente normal, y hasta sano, que la mente intente suavizar el golpe de las rupturas haciéndonos recordar lo bueno, pues al final del día a nadie le gusta vivir la vida aferrado al resentimiento constante. Sin embargo, cuando la nostalgia empiece a jugarte sucio y sientas la terrible tentación de mandar un mensaje de texto a la medianoche con un “te extraño”, frena un momento. Haz un esfuerzo consciente por traer a la memoria la película completa, sin cortes ni filtros románticos. Agradece los momentos chidos que viviste, guárdalos en el cajón de las experiencias de vida, pero mantente firme en la certeza de que tu paz mental actual siempre será mil veces mejor que cualquier recuerdo editado por la melancolía.
