El arrepentimiento del día después

¿A quién no le ha pasado?, una noche de fiesta, confesiones, tragos y, ¡zaz!, al día siguiente te despiertas con un arrepentimiento del día después que te pesa más que la conciencia de un político. Es como si te hubieran echado un hechizo, pero en lugar de sapos, te salen remordimientos.

No importa si te echaste unos tragos de más, le confesaste tu amor a tu crush o te comiste todos los tacos al pastor de la esquina, el arrepentimiento del día después siempre llega. Y a veces, es peor que la cruda.

Sexo, comilonas y confesiones: Los tres pecados nocturnos

A ver, seamos honestos, la mayoría de los arrepentimientos tienen que ver con tres cosas: sexo, comida y confesiones. ¡Uy, qué picarones!

  • Sexo: Esa noche de pasión desenfrenada que al día siguiente te hace preguntarte: “¿En qué estaba pensando?”. ¡Ay, el alcohol!
  • Comida: Esa dieta que juraste seguir, pero que a las tres de la mañana se fue al caño con una orden de pizza familiar. ¡Ay, el hambre!
  • Confesiones: Esa conversación “sincera” con tu mejor amigo que al día siguiente te hace querer esconderte debajo de una piedra. ¡Ay, la confianza!

Profundicemos en esos momentos de “¡tierra trágame!” que todos hemos experimentado. Porque el arrepentimiento del día después no es solo una sensación vaga, ¡es todo un arte!

  • La Confesión Explosiva Al Mejor Amigo (Y Su Inevitable Explosión): Estás ahí, en la barra, con tu compa del alma, unas chelas encima y te sientes el ser más honesto del planeta. “¡Güey, tengo que contarte algo!”, sueltas. Y ahí va: le revelas tu amor secreto por su hermana, le confiesas que fuiste tú quien se comió su Gansito en la primaria, ¡o peor aún, que siempre te ha caído gordo su nuevo ligue! Al día siguiente, la cruda moral te golpea más fuerte que la resaca física. La amistad pende de un hilo, y tú te preguntas si vale la pena cambiar de ciudad.
  • El “Atracción Fatal” De La Vida Real (O Cómo Terminar Con El Guapo Equivocado): Empieza la noche con la firme intención de ligarte al galán de la fiesta. Pero, entre copa y copa, la visión se nubla y terminas besando al que parece sacado de un meme. Al día siguiente, las fotos en redes sociales son la prueba irrefutable de tu error. El arrepentimiento del día después te carcome mientras intentas explicarle a tus amigas cómo pudiste caer tan bajo. ¡Y ni hablar de la conversación incómoda con el susodicho cuando te lo encuentras en el Oxxo!
  • El Maratón Gastronómico Que Destruye Tu Dieta (Y Tu Autoestima): Llevas semanas comiendo lechuga y pollo a la plancha. Pero hoy, ¡hoy es diferente! El estrés, la fiesta, la luna llena… lo que sea, te lleva a cometer el peor pecado capital: ¡romper la dieta! Y no solo un poquito, ¡a lo grande! Cinco Big Macs, dos helados de chocolate, tres pays de manzana… Al día siguiente, te ves al espejo y te preguntas si valió la pena. La respuesta es un rotundo “no”, pero al menos te queda el consuelo de que la comida estaba deliciosa. Eso sí, ¡prepárate para el gimnasio!

¿Cómo sobrevivir al arrepentimiento del día ´después?

No te voy a mentir, el arrepentimiento del día después es como un fantasma que te persigue. Pero, ¡no te agüites! Aquí te van algunos consejos para superarlo:

  • Acepta Tu Error: Sí, la regaste. ¡Y qué! Todos nos equivocamos. No te castigues de más y aprende de tus errores.
  • Pide Perdón (Si Es Necesario): Si lastimaste a alguien, no dudes en pedir disculpas. Un “lo siento” sincero puede hacer maravillas.
  • Ríete De Ti Mismo: El humor es el mejor remedio contra el arrepentimiento del día después. Ríete de tus tonterías y sigue adelante.
  • No Lo Vuelvas A Hacer (O Sí, Pero Con Moderación): Si te arrepientes de haberte comido todos los tacos, ¡modérate la próxima vez! Y si te arrepientes de haberle confesado tu amor a tu crush, ¡piénsalo dos veces antes de abrir la boca!

En fin, el arrepentimiento del día después es parte de la vida. Así que no te lo tomes tan en serio y aprende a reírte de tus metidas de pata. ¡Al fin y al cabo, lo bailado nadie te lo quita!

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com