Las apuestas

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Son poquísimas las cosas que para nosotros los mexicanos son sagradas, y una de esas cosas son las apuestas. Y es que desde chamacos nuestro apá (sí nuestro apá, porque nuestra Señora Madre se preocupaba de fundamentos más relevantes) nos enseño que apostar, es algo que no se debe hacer nunca a la ligera; ya que esto es un compromiso de honor en el que ponemos nuestra palabra de por medio y su cumplimiento esta fuera de duda.

Pero analicemos el tema e informémonos más a fondo.
Fragmento extraído de la Wikipedia:
Una apuesta es una forma de juego basado en el azar, del que se espera obtener algún tipo de beneficio.

Aunque pensándolo, no solo es el afán de obtener el beneficio en sí mismo por el que somos capaces de andar de hocicones, existe un motivo mucho más profundo, obscuro, un impulso vil y ruin que nos hace sucumbir ante las más terribles atrocidades. Tal motivación no es otra cuestión más que el interés de “tener la razón”, tener la razón es casi tan satisfactorio como cuando sale del interior de nuestra alma “te lo dije”. Y sí en el proceso de tener la razón ganamos un beneficio monetario, físico o mental ¡Qué mejor!

Y sí prometiste una torta con un chesco ó la melena en alguna apuesta loca es tu deber como mexicano el cumplirla; de no hacerlo así, es muy probable que la maldición del “sacaletón” caiga sobre ti y pierdas el pelo y se te hinche la barriga.

Es por esta cuestión tan sagrada que hoy por la mañana me quede impactada al estar platicando con Fernando mientras leía un libro en el Parque México, mentira a quien engaño no estaba en el Parque México, ni estaba leyendo un libro; estaba en la elíptica del gym oyendo mi iPod cuando Fer se posiciona junto a mí y comienza a contarme su patoaventura del día.
Ya saben las clases conversaciones de hoy en día como algo así:

Fer: Bla, bla, bla, bla
Yes: Bla, bla, bla, bla, Bla, bla, bla, bla, Bla, bla, bla, bla
Fer: Bla, bla
Yes: Bla, bla, bla, bla, Bla, bla
Fer: le aposte a mi prima a que me ponía súper buenote para antes de junio
Yes: ah sí, y que le apostaste
Fer: todavía no lo sé
Yes: ¿QUÉ?

Y es que nadie puede hacer una apuesta sin conocer los términos exactos de semejante compromiso. Como ya hemos aclarado una apuesta es un contrato verbal con tremenda validez oficial en cualquier juzgado social y el no conocer los términos es como firmar una hoja en blanco en la que damos tremendo poder a la contraparte de este acuerdo.
Esto que hizo Fer fue peor que venderle su alma al diablo, ya que está a merced de la implacable voluntad de su prima para que él haga lo que a su retorcida mente se le ocurra.

La susodicha prima pudiese cobrarle a Fer la apuesta si bien le va con dinero algún chupe; pero si se pone creativa puede idear torturas dignas de la edad media.

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