Hay información que no se puede compartir

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Es en serio, a veces hay cosas que por el bien común es mejor callar, y bueno, tambien a veces hay secretos que no te pertenecen y lo único que puedes hacer es guardar esa información en un rincón oscuro de tu mente y nunca más volver a comentarlo o siquiera recordar que posees esos detalles, porque a veces hay información que no se puede compartir y lo mejor que puedes hacer además de evitar que la culpa te consuma es olvidar que sabes aquello.

Y no es que sean secretos de estado que te comparte un amigo como una confidencia, a veces te enteras por casualidad de cierta información crítica, esa que podría iniciar una guerra fría en tu comunidad, con tus amigos, en tu escuela, en tu trabajo o hasta en tu familia; esa información tan jugosa, tan fuerte, que con solo saberlo te conviertes en una peor persona y quieres compartir con los demás, para aminorar tu carga, porque a veces saber información privilegiada puede ser una gran carga, y más cuando no se puede compartir, porque afectarías a alguien tanto, que tal vez nunca pueda recuperarse.

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Seguro quieres ejemplos de este tipo de información crítica que no puedes comentar, bueno, imagina que vas por la calle y de repente te detienes a comprar un helado, cosa que nunca haces, pero ese helado te convenció y justo cuando te sientas a comerlo ves pasar a la novia de tu mejor amigo besándose con otro, y descubres un terrible y oscuro secreto, algo que podría destruir a alguien, algo que quieres compartir, pero no sabes que hacer, porque esa información no te pertenece.

Bien, hay quien me diría a este ejemplo que la forma de reaccionar es decirle: “le dices tú o yo”, es una forma de hacerlo claro, pero el saber esa información, esa que es difícil de manejar y procesar es un ejemplo burdo de cómo a veces nos enteramos de cosas que es mejor hacer de cuenta que nunca nos enteramos de ellas.

Todo esto puede provocar un debate interno moral sobre la verdad, el honor, la transparencia y el cómo se decide si algo debe contarse o callarse para siempre, hasta suena bíblico “calla para siempre”, porque a veces hay cosas que es mejor no decir nunca.

Te has puesto a pensar en eso, en que en nuestra vida nos enteramos de esas cosas, esos secretos mortales, esa información top secret que puede ocasionar un desastre mundial, ¿qué haces cuando sucede?, sueltas la bomba para que todos compartan la carga o noblemente asumes con honor esa carga y la llevas a cuestas sabiendo eso.

¿qué haces?

Algunos sabios dicen que es prudente callar y que solo abrimos la boca cuando nuestro egoísmo nos consume, acaso será eso cierto, ¿es más egoísta compartir la información que no hacerlo?

Muchas naciones protegen ferozmente esos secretos, esa información susceptible, que si bien de entrada parecería que es un derecho de todos saber, a veces hay información que no es conveniente compartir, ya sabes, porque crea pánico, caos y esas cosas que todos evitamos hoy en día.

Pero, quién determina qué se debe compartir y que no, ¿acaso jugamos a ser dioses, jueces o verdugos?, creo que eso es lo más debatible de todo esto, que es lo que compartimos y cómo determinamos si lo compartimos o no.

Porque no hay que olvidar nunca que hay información que no se puede compartir, y más cuando dañamos a las personas que están cerca de nosotros.

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