Estoy harta de la falta de desconsideración de los demás

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¡Carajo, de verdad que falta de desconsideración!

De verdad Maldita gente desconsidera, mmm, que fue lo que dije antes, permítanme regresar un poco el casete de mi acalorada queja contra el mundo; vaya que en este caso la semántica y sobre todo el orden de las palabras, o mejor dicho las palabras empleadas si afectan el resultado o mejor dicho la expresión de una idea.

Y no es la primera vez que cuando estoy en una de mis monumentales quejas contra el sistema social diga que “me harta la falta de desconsideración ajena” y normalmente todos los que me escuchan, principalmente aquellos que realmente me escuchan se sorprenden de que me moleste tanto, y es que me toma muchos minutos darme cuenta que la falta de desconsideración es IGUAL A CONSIDERACIÓN.

considerar. (Del lat. considerāre). tr. Pensar, meditar, reflexionar algo con atención y cuidado. || 2. Tratar a alguien con urbanidad o respeto. || 3. Juzgar, estimar. U. t. c. prnl.

Entendiendo entonces que es la consideración ¿por qué me molesta tanto?, acaso soy masoquista y me gusta que los demás me traten mal, me menosprecien, me juzguen y me molesten, porque eso fue lo que dije sin querer decir, y es que cuando uno esa molesto no se fija en las cosas tontas o irracionales que uno dice, cuando en realidad lo que yo quería decir era que estaba harta de la falta de consideración hacia mi o hacia los demás.

Es curioso pero las palabras tienen que ser expresadas de forma correcta, en el orden correcto y con la intención correcta, ya que de lo contrario terminarás expresando una idea opuesta y contraria a lo que querías manifestar en un principio.

Pero saben que es lo peor de andar hablando idioteces en público cuando andas bien caliente, enojado, pues, es que se pierde toda la seriedad de tu discurso y la gente estalla en risa cuando escucha lo que estás diciendo, hombre carajo, yo enchilada porque la gente es desconsiderada y encima se ríen de mi cuando me quejo de la falta de desconsideración ajena. Lo más jodido del asunto es que no me ha pasado ni una, ni dos veces.

Nunca hay que olvidar el poder de las palabras en cualquier discurso o frase, ellas pueden hacer que luzcas como un gran estúpido que ni siquiera sabe ordenar su cerebro o todo un maestro de la retórica.

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