Estar confundido

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Hacía tanto tiempo que yo no estaba confundida, es más, presumía de ello; una gran armonía y paz, que reinaba porque el sentido común se imponía sobre los sentidos, sobre las emociones, sobre los sentimientos, pero de repente cuando crees estar en mayor control de ti, seguro de tus emociones, descubres que eso no es así, y sea parte de un twist divertido o un enredo extraño, de repente te das cuenta que estas confundida/o, nuevamente, que de la vida no sabes mucho y menos de las relaciones y cuando se habla de romance, amistad y esas cosas terminas sintiéndote nuevamente inadecuada/o, o tal vez solo sea yo, espero que no y a mi duda o confusión se sumen muchas otras personas más, que se pregunten insistentemente ¿abre hecho lo correcto?, ¿no la abre cagado y embarrado por todos lados?

¿Acaso es malo estar confundido?, pues obvio que no, pero si llevas mucho tiempo intentando no sentirte confundido, no sentirte awkward tal vez ese sentimiento sea atormentante.

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Bien, hace algunos días decía que ese sentimiento de sentir que alguien te gusta mucho, vale la pena, aunque sea un instante que dure muy poco, el sentirse así vivo, confundido, puede ser vitalizante; pero en ¿qué cierto punto se permite que entre a funcionar tu sentido común?, ya sea para ayudarte o incluso boicotearte, ¿en qué momento te permites que la lógica te diga que hacer, como actuar y cómo responder?

Siempre pensé que el mundo no me cambio la sonrisa, al contrario, yo cambiaba al mundo con mi sonrisa, mis locuras y mi muy particular visión de entenderlo, una que es muy diferente; sin pecar de arrogancia hace mucho tiempo entendí que soy bastante diferente a los demás, aunque algunos puedan refutarme esa premisa con el argumento “que es lo normal”, yo sé que no soy normal, dirían por ahí que todos nacimos diferentes y eso nos hace únicos, pero definitivamente yo soy diferente, por muchas características que involucran espontaneidad, entusiasmo, honestidad, ocurrencia y bla, bla, bla, bla. Realmente no intento hacer una apología de mí, bueno pues, defensa.

Pero ser diferente a los demás, siempre me hizo sentirme inapropiada, alejada de todos y a veces cuando tenía suerte, como ahora, encontraba a personas que celebraban mi unicidad, mi rareza, ese entusiasmo loco, esa chispa que siempre me caracterizo, esa forma única de ser, que solo tengo yo, que mis sentimientos de alegría se contagian de formas nunca antes vistas y esa intensidad se siente, creo que por eso soy escritora, porque mis emociones son tan fuertes que se contagian.

Mucho tiempo sufrí siendo diferente, principalmente cuando era joven, entonces me retraía, me encerraba en un mundo silencioso, apartado de todos, un mundo únicamente para mí, donde yo encajaba, donde me sentía feliz y cómoda siendo yo, sin confusiones, sin querer encajar, pesando, pensando, pensando y teniendo los más grandes y locos soliloquios que una persona medio loca, bueno, bien loca pueda tener.
Ideas de pensamiento en las que yo misma me pregunta aquellas cosas que siempre quise saber, intentando encontrar respuestas, sumergida en mi mente, me desconecte del mundo, intentando entender lo normal, lo anormal, lo único y lo raro. Hasta que entendí que soy diferente y esa diferencia en lugar de causarme confusión, sería mi arma secreta para enfrentar al mundo, de una manera única, en la que yo sé cómo hacer que cambie el rumbo con el que gira este mundo, y esa arma sería mi sonrisa, mis locuras, mis eternos soliloquios, mi forma de entender al mundo, esa sería la manera en la que yo haría una diferencia, después de todo dicen que los que están tan locos para creer que pueden cambiar al mundo, son quienes lo logran.

Así que estaba decidida a que yo iba a cambiar al mundo, no el mundo a mí, porque esa loca chispa que tengo adentro era suficiente para hacerlo, para que todas mis ideas, mis pensamientos, mis reflexiones, mis gracias, mis locuras, y todas esas cosas que solo yo hago, tocarán a cada una de las personas a las que yo tenía acceso, para que mi particular visión del mundo hiciera ese cambio, hiciera un poco más locos a los demás, en vez de hacerme a mí un poco más normal.

De tal manera que cada una de mis formas de ser extrañas se contagiaran y terminarán invitando a los demás a ser diferentes y por supuesto aceptar las diferencias de los demás, y hasta hace poco creía con una fuerte convicción que lo estaba logrando, que estaba cambiando a los demás para ser más como yo, más entusiastas, más locos, más pensadores, más cínicos, más románticos, más idealistas, en pocas palabras más como yo, y estaba segura que el mundo no me había cambiado en el proceso, yo estaba segura que después de tantos años seguía siendo yo tal cual, fiel a mis instintos, pero resulta que no es así.

Ahí es donde entra la confusión, que vaya, no la estoy culpando a ella de que el mundo me haya cambiado, más bien es como un lamento extraño, entender que si cambie y ya sea por sentido común, experiencias fallidas o algo de lógica en mis actos, entiendo que ser entusiasta, loca, impulsiva, dejarme llevar por mis instintos es algo que debo tomar con precaución.
Digo, después de caer tanto, uno aprende a esquivar las piedras, aunque eso signifique cambiar.

La vaga idea de que estaba haciendo a los demás más como yo, resulta que es inexacta y yo soy más como los demás, más precavida, más temerosa, más prudente, tanto que en medio de mi confusión y dilema sobre si alguien me gusta, sobre si es buena idea, termino recordándome que debo bajar mi entusiasmo 5 rayitas, 5 rayitas que me hacen normal, que me hacen igual a los demás, que me hacen más común y corriente.

5 rayitas que me confunden más que nunca, 5 rayitas que debo reconocer me dolieron, pero finalmente creo que todos debemos hacer algo para evitar esa confusión y encontrar algo de sentido a la razón. Si bien sentirse confundido puede ser genial, a veces esa confusión trae más enredos de los que uno tenía contemplado.

Pero entonces sigo pensando y pensando, creo que nuevamente me desconectare del mundo para pensar, ¿realmente me amilane sin dar batalla?, ¿bajarle a mi espontaneidad es realmente renunciar a algo bueno?, ¿o simplemente estoy tratando de ser normal?, ¿Qué acaso no es deseable ser normal?, ¿acaso no es deseable ser como los demás?

Lo sé, nadie debería sacrificar sus diferencias, esas que lo hacen único, pero en cierto punto y en ciertos aspectos de la vida, he aprendido que la calma, la paciencia, la prudencia puede ser una virtud, tal vez el mundo si me cambio antes de que yo lo cambiara a él, pero tengo que aceptar de forma abierta que muchas personas a las que quise en su momento, me gustaron o me entusiasmaron mucho, las aleje con esa espontaneidad, esa loca sinceridad, esa extraña forma de ser medio intensa que me criticaron en su momento, lo extraño es que cuando intento ser normal, también lo hago.

Supongo entonces que existimos personas que nacimos para estar confundidas eternamente, para vivir en nuestro loco mundo, ese en el que todo mi entusiasmo se desborda de una forma extraña, un mundo alejado de todos.

Y no lo digo como apología, bueno, defensa, lo digo como una reflexión, una en la que la confusión impera, después de una cierta nostalgia por renunciar, por renunciar a mi locura.

Sin embargo a veces las cosas pasan por algo, a veces simplemente porque somos idiotas, es la respuesta, pero cuando se trata de confusiones, complicaciones, creo que la respuesta es mantenerlo todo simple; que finalmente las cosas cambian, las confusiones desaparecen y esas ilusiones que uno sintió, se guardan como buenos recuerdos de un pasado lejano.

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