Cuando no te puedes dormir y se hace más tarde

El reloj marca la una de la madrugada. Luego las dos. Después las tres. Y tú, con los ojos más abiertos que búho en noche de cacería, sigues contando borregos que ya se sienten como una estafa. Esa sensación de “mañana me arrepiento” se empieza a colar por debajo de la puerta, mientras el sueño parece haberse ido de vacaciones sin avisar.

Cuando no te puedes dormir: la mente traviesa

¿A quién no le ha pasado? Justo cuando la almohada te llama a gritos, tu cerebro decide que es el momento perfecto para organizar un congreso internacional de ideas absurdas. De repente, recuerdas esa canción que escuchaste en la prepa, te cuestionas si cerraste la llave del gas o te pones a planear el menú de la cena navideña del próximo año. Es un festival de pensamientos sin sentido que te aleja cada vez más del dulce abrazo de Morfeo.

Y es que cuando no te puedes dormir, cada minuto se estira como chicle, mientras tu cabeza se convierte en un carrusel de pendientes y tonterías. Empiezas a hacer cálculos de cuántas horas de sueño podrías tener si te durmieras justo en ese instante, para darte cuenta con horror que el número se reduce drásticamente cada diez minutos. La esperanza se desvanece más rápido que nieve en el desierto. La almohada se siente incómoda, las sábanas te pesan, hasta el silencio te hace ruido. Es el pan nuestro de cada noche para los que padecemos esta odisea.

El arte de no dormir: una disciplina olímpica

Algunos optan por soluciones desesperadas: ver series en el celular, leer un libro, o incluso levantarse a picar algo en el refrigerador. Otros simplemente se quedan mirando el techo, esperando el milagro, cuando no te puedes dormir se vuelve una prueba de resistencia. La mente divaga por escenarios hipotéticos, por conversaciones imaginarias y por planes de escape para el día siguiente, donde la cafeína será tu mejor amiga y enemiga a la vez.

Si te encuentras en esa situación de desesperación por conciliar el sueño, o sea, cuando no te puedes dormir, recuerda que no estás solo. Somos muchos los que hemos librado esta batalla nocturna, con resultados que van desde la victoria aplastante hasta la derrota más humillante. El saber que el sol ya casi sale y tú sigues en vela, convierte la experiencia de cuando no te puedes dormir en una comedia de errores personal.

Al final, la resignación puede ser tu mejor aliada. Quizás sea el momento de aceptar que esta noche, la vida te está regalando unas horas extra para pensar en todo y en nada, antes de que el gallo cante y te recuerde que, a pesar de todo, el día ya empezó. Y sí, probablemente con un cafecito extra para aguantar la jornada.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com