Cuando se encoge la ropa

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Algunos dirán que eso no sucede, que es imposible, y que la ropa no se encoge, y más bien la persona que la usa, se agrando; digo, puede ser, no descarto esa posibilidad en la que no es que mi ropa se haya encogido, y más bien yo engrandecí, obvio, porque el calor me expandió, o bueno, ok, ya lo acepto, la comida fue la que me expandió, y esa puede ser (o más bien es) la razón de mi aumento de tamaño.

Ok, lo acepto y lo entiendo, cuando una persona se descuida, y comienza a comer muy mal por un par de semanas o hasta meses, el cuerpo cambia rápidamente y ahí sí, no hay pierde y no es que la ropa se haya encogido, y definitivamente es la talla de la persona, la que cambio; eso lo entiendo, pero cuando de un día para otro la ropa ya no te queda saliendo de la lavadora, y se ve sumamente pequeña, ahí sí podría jurar y apostar todo mi dinero, a que la ropa se encogió.

Y no hay nada más terrible y molesto, aunque también es gracioso, hay que aceptarlo, ver que tu ropa tiene un tamaño un poco distinto del cual la compraste.
Es de esos momentos en la vida en los que no sabes si reír o llorar, porque perdiste una ropa, sin importar si es bonita, tu favorita o no, tener una prenda menos en el closet, acortando tu selección de camisas o blusas a 2 en vez de 3, es de esos momentos extraños en la vida en los que hay sentimientos encontrados.

Pero, ¿por qué pasa eso?, mmmmm, muy seguramente el no leer las etiquetas de la ropa, mezclar colores, detergentes, ciclos de lavado y modalidades de la lavadora, en pocas palabras, que te vale gorro y solo metes todo a lavar, sea la razón por la cual la ropa perdió tamaño, eso, o tal vez algún científico loco se puso a jugar o hacer pruebas con tu ropa para ver si podía encoger o agrandar algo a voluntad; tal vez esa sea la respuesta.

Lo que es un hecho, es que es bastante feo estar a punto de salir a trabajar o rumbo a la escuela, tomar tu ropa y darte cuenta que se encogió, y dudar por unos minutos si acaso la ropa se encogió o tu engrandeciste, mmmm, lo piensas, verificas tu nivel de grasa corporal pellizcándote la lonja, te pesas rápido en la báscula y descubres que sigues igual de gordo, IGUAL, no más gordo, y eso es un sí definitivo, algún duende mágico encogió tu ropa favorita, solo por diversión.

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