Cuando te contesta alguien que obviamente no es quien tú esperas, ¿Angélica eres tú?

Hay momentos en la vida en que tu cerebro simplemente te juega una mala pasada. Instantes en los que las neuronas se desconectan, la lógica se va de vacaciones y terminas diciendo o haciendo cosas que te dejan pensando: “¿En qué estaba pensando?”. Pues bien, déjame contarte una historia que me pasó hace poco y que ejemplifica a la perfección esta situación.

Necesitaba contactar a Angélica. El motivo no es relevante, baste decir que era algo relacionado con un trámite de facturación que urgía. Así que, sin pensarlo dos veces, tomé mi celular y marqué su número. Timbre, timbre… y de pronto, ¡contestan! Pero no era la voz dulce y femenina de Angélica la que se escuchaba al otro lado de la línea, sino la voz grave y masculina de un hombre.

Ante tal sorpresa, mi cerebro entró en modo “cortocircuito”. ¿Qué hago? ¿Qué digo? ¿Por qué no contestó Angélica? En un intento desesperado por salir de la situación, mi boca soltó la pregunta más absurda que se me pudo haber ocurrido:

–¿Angélica eres tú? –pregunté, con toda la seriedad del mundo.

Del otro lado de la línea, el hombre soltó una carcajada. –No, soy Eduardo –me respondió, entre risas–. Angélica cambió de teléfono y ahora esta es mi línea.

La verdad, no sé qué esperaba escuchar. Obvio que no era Angélica, ¡era un hombre! Pero en ese momento, mi cerebro simplemente no supo cómo reaccionar. Es como si ante lo inesperado, mi capacidad de improvisación se hubiera esfumado.

Y es que, admitámoslo, a veces nos pasa que ante situaciones nuevas o imprevistas, entramos en pánico y terminamos diciendo o haciendo cosas que no tienen ni pies ni cabeza. Es como si nuestro cerebro se bloqueara y no supiera cómo procesar la información.

Así que, si alguna vez te encuentras en una situación similar, no te sientas mal. A todos nos ha pasado. Lo importante es reírnos de nosotros mismos y aprender a tomarnos la vida con un poco más de humor. Porque, al final, la vida está llena de momentos absurdos que nos recuerdan que no siempre tenemos el control de la situación. Y, a veces, lo mejor que podemos hacer es simplemente preguntar: “¿Angélica eres tú?”, aunque sepamos que la respuesta es un rotundo no.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com