5 Momentos de la vida en los que te sientes un villano de película
Todos tenemos un lado oscuro que sale a flote cuando menos lo esperamos y no hace falta que nos caiga un rayo o que un experimento de laboratorio salga mal para que la risa malévola nos brote desde el pecho. A veces, las situaciones más comunes del día a día son las que nos ponen el traje de antagonista y, sin darte cuenta, te sientes un villano de película planeando su siguiente movimiento desde las sombras de tu recámara. Es esa sensación de poder absoluto, mezclada con un poquito de maldad justificada, lo que hace que la vida diaria tenga ese toque dramático digno de una superproducción, aunque tu silla giratoria sea solo la de la oficina y no estés precisamente en una base secreta dentro de un volcán.
Hay instantes donde la moralidad se toma un descanso y dejas que tu mente vuele hacia planes maquiavélicos que dejarían a cualquier personaje de ficción como un simple principiante. No se trata de querer destruir el mundo, sino de disfrutar esos pequeños triunfos donde el caos juega a tu favor y tú eres el único que tiene el control de los hilos. Es en esos momentos infortunados para los demás, pero gloriosos para ti, donde la línea entre una persona normal y una mente maestra del mal se vuelve tan delgada que terminas aceptando tu papel con una satisfacción casi culposa pero sumamente divertida.
Por qué a veces te sientes un villano de película
Uno de los clásicos es cuando alguien tiene la osadía de comerse la última rebanada de pizza que ya tenías apartada mentalmente. En ese segundo, el hambre se convierte en una furia fría y calculadora, y empiezas a idear un plan con maña tan elaborado que tu venganza será recordada por generaciones. Ya no es solo comida, es una cuestión de honor y principios donde te sientes un villano de película acechando a su presa, esperando el momento exacto para aplicar un castigo que sea poético y doloroso a la vez, como esconderle el control de la tele o cambiarle el café por descafeinado durante un mes entero.
Otro momento épico ocurre en la era digital, específicamente cuando lanzas una bomba de verdad o un comentario filoso en el grupo de WhatsApp de la familia o los amigos y luego simplemente bloqueas el celular. Te quedas ahí, con una sonrisa de oreja a oreja, imaginando cómo se está armando la gorda entre todos mientras tú solo observas desde lejos con tus palomitas en la mano. Ver cómo el caos y el descontrol se apoderan de la conversación por algo que tú iniciaste es una de las razones principales por las que te sientes un villano de película con el poder de alterar el orden social con solo un par de palabras bien puestas.
- Cuando sueltas un chisme o un dato confidencial en la oficina que sabes que va a poner a todos a correr como locos mientras tú finges demencia.
- En el instante en que alguien necesita un favor urgente de tu parte y tú sabes perfectamente que no están en posición de negociar nada, dándote el control total de la situación.
- Ese momento donde alguien te aplica la ley del hielo o no quiere hablar contigo, pero tú te apareces en todos lados de forma “casual” para que tu presencia sea inevitable.
- Cuando logras que alguien caiga en una broma pesada que estuviste planeando por semanas y el resultado sale exactamente como lo habías visualizado en tu mente.
La realidad es que abrazar este lado malévolo de vez en cuando nos ayuda a liberar el estrés de ser siempre los buenos de la historia. No tiene nada de malo disfrutar de un pequeño arranque de superioridad cuando las circunstancias nos dan el papel principal en un drama de intriga y poder. Al final, lo que uno hace por un poco de drama personal es lo que le da sabor a la rutina, y aunque no tengamos un gato blanco que acariciar mientras revelamos nuestros planes, saber que te sientes un villano de película por unos minutos es suficiente para sacarnos una carcajada y seguir adelante con la vida.
Todos estos momentos se quedan como anécdotas chistosas que nos recuerdan que la perfección es aburrida. Ser el villano por un ratito nos permite explorar esa creatividad intensa que todos llevamos dentro y que a veces solo necesita un empujoncito para salir a la luz. Así que la próxima vez que te encuentres en medio de una situación donde el caos sea tu mejor aliado, no te sientas mal, mejor acomódate el cuello del saco, pon tu mejor cara de misterio y disfruta del papel que la vida te acaba de regalar, porque ser el malo de vez en cuando es, honestamente, muy entretenido.

