Reseña de la serie Constellation con Noomi Rapace
Si alguna vez has sentido que despiertas en una casa que no es la tuya o que tu familia trae un chip diferente al que recordabas, lo que vive la protagonista de esta historia te va a volar la tapa de los sesos. La trama arranca con Jo Ericsson, una astronauta que se rifa el físico en la Estación Espacial Internacional y, tras un accidente que está de locos, logra regresar a tierra firme solo para darse cuenta de que las piezas de su vida no encajan ni a golpes. La serie Constellation nos mete de lleno en un rompecabezas donde la física cuántica deja de ser un tema de libros aburridos para volverse una pesadilla real. Noomi Rapace hace un papelazo como esta mujer que busca desesperadamente a su hija, aunque la niña que tiene enfrente parece venir de otra versión de la realidad.
Lo que pasa con esta producción es que maneja un suspenso que te mantiene con el ojo pelón. La historia es tan buena que, sinceramente, se siente como ese tipo de tramas que funcionan de pelos en un formato de manga, donde cada detalle visual te da pistas de lo que viene. En la pantalla, aunque los efectos están muy chidos, el ritmo se llega a sentir un poco pesado, casi como esos animes que se alargan más de la cuenta y cuya animación te hace dudar si les faltó presupuesto en las escenas más movidas. Aun así, la propuesta de Constellation es arriesgada porque no te da todo masticadizo; te obliga a pensar y a cuestionar si lo que ves es la verdad o solo un reflejo de otra dimensión.
Puntos clave de este viaje interdimensional
- La protagonista sobrevive a un choque en el espacio contra un objeto que nadie sabe qué es.
- Al volver, nota que su hija habla distinto y que su esposo se porta muy raro.
- El experimento científico que llevaban en la misión es el culpable de que las líneas del tiempo se crucen.
- Jonathan Banks aparece por partida doble, interpretando a dos versiones de un mismo astronauta veterano.
- La tensión se mantiene gracias a que nunca sabes quién es el impostor y quién es el original.
Un clavado al misterio de Constellation y sus dimensiones
El relajo mental que propone la serie se basa en conceptos como el gato de Schrödinger, pero llevado al extremo de la supervivencia humana. Ver a Jo Ericsson pelear contra su propia memoria es algo que te genera mucha angustia, porque la pobre mujer está convencida de que su verdadera realidad se quedó en el espacio. El personaje de Jonathan Banks, como Henry y Bud Caldera, es fundamental para entender este caos, ya que sus acciones en el pasado con la física cuántica fueron las que le dieron en la torre al orden del universo. La neta es que la actuación de Noomi Rapace sostiene gran parte del drama, haciendo que sientas su desesperación por recuperar a la hija que ella recuerda, no a la que tiene frente a sus ojos.
A pesar de que visualmente es una joya y que las escenas en el vacío están muy bien logradas, la noticia de que no habrá más temporadas le cae a uno como balde de agua fría. Esto significa que algunos hilos sueltos se quedarán así, flotando como basura espacial. Sin embargo, los ocho capítulos que tenemos son suficientes para darnos un viaje de esos que te dejan platicando con tus compas por horas sobre qué harías tú si de pronto tu casa ya no fuera tu casa. La serie Constellation se despide dejando una marca importante para los que amamos las historias que se salen de la caja y que prefieren el misterio psicológico por encima de los balazos láser.
Es una lástima que el ritmo a veces juegue en su contra, porque la premisa es de las mejores que se han visto últimamente. Si te gusta que las historias te reten y no te importa que el desenlace te deje con un par de dudas existenciales, tienes que darle una oportunidad a esta chamba de Noomi Rapace. Al final, nos queda claro que el espacio no es el lugar más peligroso, sino las grietas que se forman en nuestra propia mente cuando el universo decide jugarnos una broma pesada. Es una experiencia que vale la pena ver, aunque sea para valorar que nuestras llaves siguen en el mismo lugar de siempre.