De qué trata Rápidos y Furiosos 8

Si pensabas que esta saga ya no tenía más leyes de la física que romper o más locuras que inventar, prepárate, porque Rápidos y Furiosos 8 llegó para decirnos “sostén mi cerveza Corona”. La franquicia que empezó robando reproductores de DVD en camiones ha evolucionado hasta convertirse en una especie de James Bond con esteroides y mucho más óxido nitroso. Esta octava entrega no solo sube la apuesta, sino que pone a prueba el concepto más sagrado de Toretto: la familia, y vaya que lo hace de una manera explosiva.

La premisa arranca en un escenario idílico, con Dom y Letty disfrutando de su luna de miel en La Habana, Cuba, viviendo la vida un cuarto de milla a la vez, pero en versión relajada. Todo parece perfecto, con carreras callejeras que desafían la lógica mecánica y mucha música latina, hasta que aparece una mujer misteriosa. Cipher, interpretada por la genial Charlize Theron, entra en escena no para pedirle direcciones, sino para chantajear a nuestro protagonista calvo favorito. Lo que ella tiene sobre él es tan poderoso que obliga a Dominic Toretto a hacer lo impensable: traicionar a su equipo.

El conflicto central de Rápidos y Furiosos 8

Lo interesante de esta cinta es ver cómo el equipo, acostumbrado a seguir ciegamente a su líder, de repente tiene que cazarlo. La trama nos lleva por un viaje global donde Hobbs (La Roca), Letty, Roman, Tej y Ramsey deben unirse nada menos que con su antiguo enemigo, Deckard Shaw (Jason Statham), para detener a Dom. Sí, leíste bien, el tipo que casi los mata en la película anterior ahora es parte del asado familiar, o al menos, un aliado temporal bastante gruñón.

La película se convierte en un juego del gato y el ratón de proporciones épicas. Mientras Dom cumple las órdenes de la ciberterrorista Cipher para proteger un secreto que le cambia la vida (y que no te voy a arruinar aquí, pero involucra pañales), el resto de la banda intenta entender por qué su “padre” los ha abandonado. Rápidos y Furiosos 8 logra mezclar el drama de telenovela con secuencias de acción que harían llorar de emoción a un ingeniero automotriz, o de terror, dependiendo de cómo lo veas.

Lluvia de autos y submarinos nucleares

Si hay algo que caracteriza a esta producción es la escalada absurda y maravillosa de sus escenas de acción. En Rápidos y Furiosos 8, los guionistas decidieron que los autos normales ya no eran suficiente. En una de las secuencias más locas filmada en Nueva York, vemos literalmente una lluvia de coches “zombies” controlados remotamente por Cipher, cayendo de edificios y persiguiendo a una limusina rusa. Es el tipo de caos vehicular que te hace preguntar cuánto cuesta el seguro de auto en ese universo.

Pero la joya de la corona, y lo que todos recuerdan al hablar de Rápidos y Furiosos 8, es la batalla final en el hielo de Rusia. Porque claro, ¿qué es una persecución sin un submarino nuclear rompiendo el hielo y persiguiendo a un Lamborghini naranja? Es en este punto donde la película abraza totalmente su identidad: es ruidosa, es exagerada y es increíblemente divertida. Ver a La Roca desviando un torpedo con las manos desnuda (bueno, casi) es el tipo de contenido de calidad por el que pagamos la entrada al cine.

A pesar de las explosiones y los diálogos llenos de testosterona, la cinta no pierde el corazón. Entre chiste y chiste de Roman Pearce, que sigue siendo el alivio cómico que entra en pánico por todo, la historia nos recuerda que, aunque los autos vuelen y los submarinos ataquen, lo importante es mantenerse unidos. Es un espectáculo visual que cumple con creces su promesa de entretenimiento puro, dejando el cerebro en la puerta y el corazón en el acelerador.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com