Pláticas de media noche en Facebook

El reloj marca las dos de la mañana y, por alguna razón que la ciencia aún no logra explicar, tus ojos están más abiertos que en una junta de trabajo a mediodía. La lógica dictaría que apagues el celular y descanses para ser un miembro funcional de la sociedad al día siguiente, pero la tentación de deslizar el dedo por la pantalla es más fuerte. Entras a ese mundo azul donde las reglas sociales diurnas no aplican y te adentras en el terreno pantanoso de las pláticas de media noche. Es un horario extraño, una dimensión desconocida donde coinciden los insomnes, los despechados, los que tienen guardias nocturnas y ese compañero de la primaria que publica teorías conspirativas sobre las antenas de comunicación. En este punto, la prudencia se va a dormir y deja al mando a tu versión más impulsiva y menos coherente.

El peligro de las pláticas de media noche y la falta de filtros

Lo curioso de interactuar en redes sociales cuando el resto del mundo duerme es que la barrera de la vergüenza se desvanece casi por completo. De repente, te encuentras en una discusión acalorada en los comentarios de una noticia vieja o mandando saludos a gente con la que no hablas hace años. Las pláticas de media noche tienen la peculiaridad de volverse intensas y profundas en cuestión de segundos; pasas de compartir un meme de gatitos a confesar tus miedos existenciales a un desconocido en un grupo de compra-venta. Es el momento donde el cerebro, privado de sueño, decide que es excelente idea mandarle un mensaje a tu ex para ver “cómo ha estado”, una acción que garantizo te provocará un arrepentimiento monumental apenas salga el sol.

Nadie está a salvo de las publicaciones filosóficas que carecen de sentido a la luz del día. El muro se llena de indirectas, letras de canciones dolidas y reflexiones sobre la soledad que suenan muy poéticas con el brillo de la pantalla al mínimo, pero que leídas con café en mano suenan a delirio. Iniciar pláticas de media noche es abrir la puerta a debates absurdos, como discutir si las quesadillas deben llevar queso o si los fantasmas pueden atravesar paredes de concreto. Lo peor es que en ese momento te sientes un genio de la retórica, un filósofo moderno tecleando con un solo ojo abierto, creyendo que estás arreglando el mundo desde tu cama.

La inevitable cruda moral al día siguiente

El verdadero terror no ocurre durante la madrugada, sino cuando despiertas. Revisar tu registro de actividad es como visitar la escena de un crimen donde tú fuiste el culpable y la víctima al mismo tiempo. Lees lo que escribiste y te preguntas quién poseyó tus dedos. Esas pláticas de media noche que parecían tan divertidas y necesarias se transforman en la razón por la que quieres cerrar tu cuenta y mudarte a una cueva sin internet. Te das cuenta de que le diste “me gusta” a fotos de 2014 de la nueva pareja de tu amor platónico o que comentaste algo totalmente fuera de lugar en la foto familiar de tu jefe.

La lección es clara pero difícil de aprender: nada bueno sale de interactuar digitalmente después de las doce. La red social se convierte en una trampa para los desvelados, un lugar donde la soledad y el aburrimiento juegan malas pasadas. La próxima vez que el insomnio te ataque, mejor cuenta ovejas o lee un libro, porque caer en las garras de las pláticas de media noche es garantía de que terminarás haciendo el ridículo de manera pública, quedará registrado para la posteridad y, lamentablemente, tus amigos que sí durmieron temprano lo verán todo en su desayuno.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com