Lo malo de ser multitask
Queremos ser productivos, eficientes, y a veces hasta superhéroes de lo cotidiano. Sin embargo, detrás de esa aspiración de abarcarlo todo, se esconde una realidad un tanto desastrosa. ¿Cuántas veces has intentado exprimir el tiempo haciendo una cosa mientras piensas en otras cinco? Si te ha pasado, seguro conoces lo malo de ser multitask. Esa búsqueda incesante de la máxima productividad puede dejarnos un tendal de errores pequeños, pero muy chistosos.
El caos en la cocina: entre el guisado y el chismorreo
Uno de los escenarios clásicos donde el multitasking nos juega chueco es la cocina. Imagina que estás preparando ese guisado que te encanta, con la sazón de la abuela, pero al mismo tiempo estás viendo una serie en el celular y, ya de paso, lavas unos trastes que se quedaron de la mañana. ¿Qué puede salir mal? Mucho.
- La comida: Seguramente se te queme el arroz o el guisado se pegue. El olor a chamuscado es el recordatorio más fiel de que tu atención estaba en otro lado.
- El celular: Te distraes con un meme, le das “me gusta” a la foto de tu ex de hace tres años, o envías un mensaje equivocado. O peor aún, se te resbala y termina en la cazuela. ¡Adiós celular, hola sopa de circuitos!
- Los trastes: Quedan a medias, con manchas de comida o residuos de jabón. Más que limpios, parecen haber pasado por un ritual de limpieza improvisado y mal ejecutado.
Es un auténtico circo de tres pistas donde el único que pierde es uno mismo y, en este caso, la cena. Este es un ejemplo claro de lo malo de ser multitask en su máxima expresión. La atención dividida garantiza que ninguna de las tareas se realice con la calidad que merece.
Lo malo de ser multitask: La oficina y las redes sociales
El trabajo es otro campo de batalla para los que intentan hacer de todo. Estás redactando un informe importante, pero la tentación de echarle un ojo a las redes sociales o contestar ese mensaje que te acaba de llegar es demasiado fuerte. Tu mente salta de un lado a otro, creyendo que puedes ser igual de efectivo.
- Errores en documentos: Un error de dedo, una frase sin sentido, o peor aún, enviar un correo con información confidencial al destinatario equivocado. Un “ups” puede salir muy caro.
- Reuniones perdidas: Estás en una videollamada, pero en realidad estás leyendo noticias. De repente, te preguntan algo y tu respuesta es un balbuceo incoherente o un silencio incómodo.
- Productividad fantasía: Crees que avanzas mucho, pero al final del día te das cuenta de que la calidad de tu trabajo ha bajado considerablemente y que las horas “extra” que invertiste se deben a que estabas disperso.
La realidad es que el cerebro humano no está diseñado para hacer varias tareas cognitivamente demandantes al mismo tiempo con eficiencia. Pasamos de una a otra, perdiendo tiempo y energía en el cambio de contexto. Esto es, sin duda, lo malo de ser multitask en un entorno profesional.
Las consecuencias de una atención fragmentada
Más allá de los ejemplos específicos, el hecho de que nuestra atención esté siempre dispersa tiene repercusiones en distintos ámbitos de nuestra vida. Desde olvidar cosas importantes hasta perder el hilo de una conversación, las distracciones nos cuestan más de lo que imaginamos.
- Menos disfrute: Si estás en una reunión con amigos, pero pensando en el trabajo pendiente, ¿realmente estás disfrutando el momento?
- Estrés y agotamiento: La sensación de no terminar nada y de estar siempre “ocupado” sin ser realmente productivo genera un cansancio mental que agota más que el trabajo concentrado.
- Relaciones superficiales: Al no poner el 100% de atención en las personas que te rodean, puedes perderte detalles, generar malentendidos o dar la impresión de que no te importan.
Al final, la idea de ser un malabarista de tareas suele ser más atractiva en teoría que en la práctica. A veces, lo malo de ser multitask radica en que nos privamos de la satisfacción de hacer una cosa bien hecha y de disfrutar el proceso. Apagar las pantallas, enfocarse en una sola actividad y darse permiso para vivir el presente, podría ser el truco para ser realmente eficiente y, sobre todo, para vivir más a gusto.

