¿Eres idiota o acaso estas drogada/o?

¿Cuántas veces te ha pasado que tomas una decisión que para ti es más lógica que la tabla del dos, y de repente, alguien te mira con cara de si te acabas de escapar del manicomio? O peor aún, te sueltan la joya de la corona: “¿Pero eres idiota o acaso estas drogada/o?”. Esa frase que te lanza de lleno al club de los incomprendidos, donde parece que el mundo entero espera que vivas bajo su propio manual de instrucciones. Y es que, en este valle de lágrimas y juicios ajenos, parece que tener una opinión propia o un camino diferente al del rebaño es casi un acto de rebeldía digno de fusilamiento en la plaza pública. Pero ¡ojo! Que a veces, el problema no es tu capacidad mental o tu estado de sobriedad, sino la incapacidad ajena de entender que no todos tenemos los mismos lentes para ver la vida.

La curiosa manía de diagnosticar la cordura ajena

Es fascinante cómo la gente, en cuanto te sales un poquito del camino trazado por “la normalidad” (ese concepto tan flexible como un chicle en el pavimento), saca su título de psiquiatra exprés. De repente, tu decisión de cambiar de trabajo, de invertir en algo “arriesgado” (léase, no tradicional), o incluso de teñirte el pelo de azul, se convierte en un pretexto para que te cuestionen la integridad mental. Y ahí viene la sentencia, envuelta en una pseudo-preocupación: “¿En serio, eres idiota o acaso estas drogada para hacer eso?”. Como si la única explicación para tus acciones fuera una deficiencia cognitiva o una intoxicación por sustancias ilícitas.

Lo que realmente pasa por la cabeza de la gente cuando sueltan estas perlas es una mezcla de:

  • Miedo a lo desconocido: Si tú haces algo diferente y te va bien, ¡ay, caray!, eso podría significar que sus propias decisiones no eran las únicas o las mejores. Y eso da miedo.
  • Necesidad de control: Algunos necesitan que el mundo funcione bajo sus reglas. Si te sales del guion, les desordenas el universo y eso no les gusta ni poquito.
  • Proyección pura y dura: A veces, quien te llama “idiota” o “drogada” es porque, en el fondo, siente que él mismo está haciendo alguna tontería o está “drogado” de alguna fantasía que no se atreve a vivir.
  • Simple ignorancia: No entienden tu perspectiva, tus motivaciones, tu contexto. Y en lugar de preguntar, prefieren juzgar y etiquetar.

Es cómico, si no fuera porque a veces cala. Porque uno se esmera en hacer sus planes, evaluar sus opciones, y de repente, un comentario así te hace dudar si, de verdad, eres idiota o acaso estas drogada. Pero la respuesta, casi siempre, es un rotundo “no”. Solo eres tú, viviendo tu vida a tu manera.

Cuando tu cordura es incomprendida: una guía para el sarcasmo

Entonces, ¿cómo responder a estas “joyas” de la comunicación? Con una sonrisa, una ceja levantada y un poco de humor. Porque si te pones a explicarle con peras y manzanas a alguien que ya te prejuzgó, es como intentar enseñarle física cuántica a un perico.

Aquí algunas estrategias para esos momentos en que alguien te pregunta si eres idiota o acaso estas drogada:

  • La evasión creativa: “Uy, fíjate que la verdad me ando poniendo un nuevo sombrero de pensamiento, ¡es lo de hoy!” o “Es el nuevo estilo, se llama ‘libertad de ser’, ¿ya lo probaste?”.
  • El ataque preventivo (con humor, claro): “¿Y tú? ¿Ya te tomaste tu café matutino o andas con el piloto automático puesto?”
  • La confirmación irónica: “¡Bingo! Acertaste, ando con un nuevo té de hierbas místicas que me abre la mente a nuevas dimensiones de estupidez, ¿quieres un poco?”.
  • La verdad incómoda (disfrazada de chiste): “No, solo estoy viviendo una vida que no cabe en tus expectativas, ¡es una lástima, lo sé!”.
  • El silencio elocuente: A veces, la mejor respuesta es una mirada lenta, una sonrisa enigmática y seguir con lo tuyo. Es como decir: “No necesito tu aprobación para ser quien soy”.

Al final, la gente que te suelta un “¿eres idiota o acaso estas drogada?” no busca una respuesta honesta sobre tu estado mental o la cantidad de sustancias recreativas en tu torrente sanguíneo. Buscan reafirmar su propio mundo, su propia lógica, y que tú encajes ahí. Y cuando no lo haces, es más fácil pensar que eres tú quien está mal, en lugar de que ellos están limitados en su visión.

La dulce victoria de la autenticidad

La verdad es que no necesitas permiso de nadie para ser quien eres, para tomar tus decisiones, para vivir tu vida. Si tus acciones no dañan a nadie y te acercan a tus propias metas, a tu propia felicidad, entonces no hay más que hablar. La próxima vez que alguien te mire con esa cara de asombro y te suelte la famosa frase, recuerda que el problema rara vez eres tú.

El verdadero poder está en saber quién eres, lo que quieres y por qué lo quieres. Y en ese camino, las voces que te tachan de “idiota” o “drogada” solo se convierten en ruido de fondo, como los claxons en el tráfico pesado. Molesto, sí, pero no te impide llegar a tu destino. Así que, sigue adelante con tus planes, tus ideas, tus decisiones. Al final, la vida es demasiado corta para vivirla bajo el juicio ajeno. Y créeme, la satisfacción de vivir tu propia vida, con sus aciertos y errores, es mucho más gratificante que el efímero aplauso de quien nunca se atrevió a salir de su jaula.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com