Cosas que nos hacen sentir inútiles
Parece que entre más inteligente se vuelve la tecnología, más cerca nos quedamos nosotros de no saber ni cómo amarrarnos las agujetas. Vivimos en una época donde si no fuera por el aparatito que traemos en la bolsa, probablemente muchos de nosotros andaríamos perdidos en la primera esquina o no sabríamos ni cuántos años cumplen nuestros papás. Esas cosas que nos hacen sentir inútiles están en todos lados, desde la cocina hasta el trabajo, y aunque nos facilitan la vida un montón, también nos quitan ese orgullo de decir que podemos resolver algo solitos sin pedirle permiso al internet. Nos hemos acostumbrado tanto a que las máquinas piensen por nosotros que, cuando el wifi se nos va, nos quedamos viendo a la pared como si fuera un examen de cálculo integral.
La tecnología y otras cosas que nos hacen sentir inútiles
Antes, uno tenía que usar el coco para acordarse de las rutas o para hacer una suma rápida en el mercado, pero ahora si no tenemos el mapa prendido, sentimos que nos vamos a caer en un pozo. La llegada de la inteligencia artificial solo vino a rematar lo poco que nos quedaba de iniciativa, porque ahora hasta le preguntamos qué comer o cómo escribir un mensaje de cumpleaños que suene medianamente humano. Estas cosas que nos hacen sentir inútiles son el pan de cada día; ya no redactamos, solo corregimos lo que una máquina escribió por nosotros, y ni hablemos de intentar arreglar algo en la casa sin ver un tutorial de diez minutos. Aquí te dejo algunos ejemplos de esos momentos donde la modernidad nos deja como completos principiantes en la vida:
- El mapa digital: Ese momento donde el sistema te dice “gira a la izquierda” y tú obedeces ciegamente aunque sepas que por ahí está cerrado.
- La calculadora del súper: Cuando tienes que sumar tres cosas de veinte pesos y de plano sacas el celular porque no confías en tus dedos.
- La inteligencia artificial: Pedirle que te haga un resumen de un libro que ni has leído porque leer tres páginas ya se siente como una misión imposible.
- Los electrodomésticos modernos: Tratar de prender una estufa que tiene más botones que una nave espacial y terminar pidiendo comida a domicilio por puro miedo a que explote.
No se trata de ser unos amargados que odian el progreso, sino de reconocer que la comodidad nos está dejando un poco lentos. Sentir que el teléfono sabe más de tus gustos que tú mismo es una de esas cosas que nos hacen sentir inútiles que más calan, porque ya ni el algoritmo te deja descubrir música nueva por tu cuenta. Nos hemos vuelto expertos en apretar botones, pero si nos quitan la luz, no sabemos ni cómo prender un cerillo sin quemarnos las pestañas. La flojera mental se ha vuelto el estándar y, a veces, da un poquito de pena ajena ver cómo nos complicamos la existencia cuando falla lo digital y tenemos que usar el sentido común, ese que parece que ya se nos olvidó en dónde lo dejamos guardado.
Lo peor es que hasta para socializar ya necesitamos una ayudadita técnica. Si no hay un filtro que nos ponga cara de modelo o una aplicación que nos diga qué palabras usar para ligar, nos da un pánico terrible. Todas estas cosas que nos hacen sentir inútiles nos van quitando esa chispa de improvisación que nos hacía tan divertidos. Sin embargo, todavía hay esperanza; de vez en cuando está bien dejar el celular en la mesa y tratar de llegar a algún lugar preguntando en la calle o simplemente intentar cocinar algo sin seguir una receta paso a paso en video. Recuperar ese poquito de autonomía nos ayuda a sentirnos un poco más despiertos en un mundo que parece querer que estemos en modo automático todo el tiempo, disfrutando más de las equivocaciones reales que de la perfección comprada.

