¿Soy un pervertido?

Seguramente más de una vez te ha pasado por la mente una idea súper pasada de lanza mientras vas caminando por la calle o platicas con tu pareja, y de la nada te salta la duda: ¿Soy un pervertido? Tranquilo, compa. Tener una mente que vuela a mil por hora con escenarios dignos de una película para adultos no significa que seas un depravado que deba ser encerrado en la cárcel. La neta es que la gran mayoría de la banda tiene gustos y fantasías que harían sonrojar a la vecina más persignada del barrio. La enorme diferencia entre ser un curioso de la sexualidad y pasarse de la raya radica totalmente en el respeto, el lugar y la persona con la que decides soltar toda esa imaginación desbordada.

Señales para responder a la duda de si eres un pervertido o solo un entusiasta

A veces la línea parece súper delgada y confusa. Si te la pasas imaginando escenarios locochones y te preguntas constantemente si Soy un pervertido, es hora de hacer un corte de caja emocional. Ser un fanático empedernido de la pasión no tiene absolutamente nada de malo, pero hay que saber distinguir entre echar a volar la imaginación de forma sana y cruzar límites que ya no están nada chidos. Para que no te me apaniques y sepas si sigues en el armario de tus fetiches o si de plano ya eres un maestro de las artes oscuras del deseo, checa estas señales que te dirán exactamente dónde estás parado:

  • El radar siempre encendido: Si vas en el transporte público y tu mente ya armó tres escenarios diferentes con personas que ni te topan, tienes una imaginación activa. Ojo, esto es normal mientras todo se quede estrictamente en tu cabeza y no incomodes a nadie.
  • El historial de búsqueda delator: Si tu navegador de internet tiene más candados que una caja fuerte porque buscas cosas que nadie más entendería, traes un nivel de fetiche bastante elevado, lo cual está bien si se queda en el consumo personal responsable.
  • El respeto ante todo: La regla de oro y de platino es que, por más intensa que sea tu fantasía, entiendes a la perfección la palabra consentimiento y jamás obligarías a nadie a seguirte el rollo si no quiere entrarle al juego.

Cómo soltar la rienda del deseo a puerta cerrada

Ahora bien, si después de analizar las señales llegaste a la resolución y afirmas con orgullo “sí, Soy un pervertido“, el siguiente paso lógico no es salir a gritarlo a los cuatro vientos ni andar de acosador en la vía pública. Esa intensidad tiene un lugar especial, sagrado y seguro: las cuatro paredes de tu cuarto, y siempre con alguien que esté exactamente en la misma sintonía que tú. La sexualidad sana se trata de platicarlo abiertamente con tu pareja, armar un ambiente de total confianza y darle rienda suelta a esas locuras de mutuo acuerdo. Todo lo que pasa entre dos adultos que dan el sí de forma completamente consciente y libre, está permitido.

Tener gustos extravagantes o una calentura que no se apaga con nada no te hace un monstruo, sino alguien con una energía sexual que necesita ser canalizada por el buen camino. Deja de atormentarte pensando si tus gustos te hacen un bicho raro de la sociedad. Mientras no dañes a terceros, no rompas las sagradas reglas del consentimiento y sepas separar el espacio público de tus travesuras privadas, dale con todo. Disfruta tu cuerpo, comunícate de manera asertiva con tu pareja y vive tus fantasías al máximo, porque la vida es muy corta para quedarse con las ganas de experimentar lo que de verdad te prende.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com