¿Las mujeres que son atractivas alejan a los hombres?
Seguro te ha pasado: vas a una fiesta y ves a esa chava que parece bajada de un espectacular, camina con un estilazo de envidia y tiene una mirada que paraliza el tráfico. Pero, si te fijas bien, está más sola que un puesto de tamales en pleno puente. Existe este mito urbano de que el físico de impacto es como un repelente natural para los galanes, y aunque muchos juran que las mujeres que son atractivas alejan a cualquiera por el simple hecho de imponer, la neta es que el asunto tiene mucha más tela de donde cortar. A veces nos compramos la idea de que los hombres son unos miedosos que no aguantan tanta belleza, pero en el mundo real, la cara bonita es solo el primer acto de una función mucho más larga y compleja.
El mito del espantapájaros de diseñador
Se dice por ahí que los hombres se sienten chiquitos ante una mujer que parece tener la vida resuelta y un guardarropa de infarto. La teoría de que las mujeres que son atractivas alejan a los “buenos partidos” porque ellos se sienten intimidados es el pan de cada día en las pláticas de café. Pero, ojo, que no todo es culpa de la inseguridad masculina. Si bien es cierto que hay uno que otro que se fresea y no se anima a tirar el perro por miedo al rechazo, hay una diferencia enorme entre ser una mujer empoderada y guapa, y ser alguien que se siente la última coca del desierto y trata a los demás con la punta del pie.
- La soberbia de creerse inalcanzable termina siendo un muro que nadie quiere saltar.
- La superficialidad extrema hace que cualquier plática se vuelva más aburrida que un domingo sin fútbol.
- Los berrinches de película y los caprichos constantes agotan hasta al más paciente de los pretendientes.
Cuando la actitud es la que pone la barrera
A veces, la verdadera razón por la que las mujeres que son atractivas alejan a los demás no tiene nada que ver con sus facciones perfectas, sino con esa vibra de “no me toquen porque me ensucian”. La frialdad y la falta de empatía son como un cubetazo de agua fría para cualquier interesado. En la actualidad, por más que una chava sea un monumento, si su única preocupación es cuántos likes tiene su última foto o si su actitud es de una arrogancia que ni ella se aguanta, es lógico que los hombres busquen rumbos más tranquilos. Nadie quiere estar con alguien que vive en una pose eterna y que se le suben los humos solo por haber nacido con buena genética.
Es cierto que una mujer independiente y exitosa puede poner nervioso a más de un inseguro, pero el verdadero problema surge cuando la belleza se vuelve una excusa para ser sangrona. Las mujeres que son atractivas alejan a la gente cuando se olvidan de que la conexión real va más allá de lo que se ve en el espejo. Un hombre que vale la pena busca una cómplice, alguien con quien reírse y que no ande con aires de grandeza solo por tener un rostro simétrico. Si a la belleza le sumas una personalidad gélida o una lista de exigencias imposibles, pues el resultado va a ser una soledad bastante glamurosa pero soledad al fin y al cabo.
La clave de todo este relajo está en entender que el físico es el gancho, pero la personalidad es la que hace el amarre. Si una chava es guapísima pero se la pasa haciendo desplantes o esperando que le rindan pleitesía, no hay galán que aguante ese ritmo. Al final del día, lo que realmente atrae y mantiene a las personas cerca es la calidez y la sencillez, cosas que no se compran en ninguna boutique de lujo. Ser una mujer de impacto es chido, pero ser una persona con la que se pueda platicar sin sentir que te están haciendo un favor es lo que realmente marca la diferencia en el juego del amor.
