¿La gente es menos sorprendente o nos sorprendemos menos?

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¿Qué es?, ¿qué es lo que está pasando?, ¿a dónde se metieron esas personas sorprendentes brillantes, magnificas únicas y por supuesto raras?, ¿dónde están las personas auténticas?, ¿dónde está la gente sorprendente?, en serio, díganme por favor dónde están, para tomar un barco, avión o tren a dónde están esas personas, para irme a vivir con ellas, y no porque yo sea sorprendente, en verdad no lo creo, sino porque en el cinismo diario de la vida, que vivimos, hace que me gustaría tanto estar con alguien con esas características, porque viviendo entre tantas personas que parecen clones, entre tantas personas cínicas, que cada vez se desinteresan más en los demás y se interesan más en las cosas, es refrescante conocer a una persona autentica y sorprendente.

De esas ya no hay.

Ahora, a lo mejor viven en el país mágico llamado “utopía”, ese lugar místico que encontraremos siguiendo el arcoíris, o tal vez es una isla mágica, y para llegar a ella hay que conseguir un vuelo directo en un unicornio, que nos lleve a dónde están escondidas esas personas, para que nos sorprendan, nos cautiven y nos alegren el día y la vida con sus capacidades maravillosas.

Me pregunto, qué es lo que está pasando, acaso ya no hay personas sorprendentes, o simplemente hemos perdido nuestra capacidad de sorprendernos y nos hemos desensibilizado tanto con el sufrimiento diario, las preocupaciones de la vida, con la monotonía, con el statu quo de las cosas, que simplemente ya nada nos sorprende, ni los milagros diarios, ni las personas, por más maravillosas que estas sean.

¿Qué es lo que está pasando?

Bien, creo que hay momentos extraordinarios de la vida, que nos hacen más sensibles, a todos, y nos hacen maravillarnos con las cosas, (que muchas veces damos por hecho), como la solidaridad, la unidad, la ayuda, ser humanitarios y compasivos.
En momentos críticos de la vida, en momentos de crisis y emergencias sociales, algo bueno y positivo surge de nosotros y nos hace mirar con detenimiento a esos milagros y maravillas diarias, para sorprendernos y maravillarnos, aunque sea, solo un poco.

Pero después de eso, todo regresa a la normalidad y perdemos nuevamente ese interés por las maravillas cotidianas, y perdemos nuestra capacidad de asombrarnos, maravillarnos y sorprendernos.

Creo que es eso, y personas sorprendentes siguen existiendo en este mundo, aquí y ahora, están en frente de nosotros, convivimos con esas personas sorprendentes todos los días y no nos damos cuenta, porque estamos muy ocupados para descubrir esas sorpresas, para dejar que nos sorprendan, para ver su pasión y dejar que nos contagie y nos lleve a su mundo, ese mundo de pasión y sorpresas.

La moraleja de esta historia, cuando encuentres a alguien sorprendente, no dejes que se vaya nunca, porque personas sorprendentes ya no hay muchas y hemos perdido la capacidad de sorprendernos con ellas.